miércoles, 10 de diciembre de 2025

El sacrificio de la mariposa.

 

A inicios de 2025, un adolescente de 14 años murió en Brasil tras inyectarse los restos de una mariposa triturada en la pierna. Murió en el hospital tras agonizar siete días. Se desconocen los motivos que llevaron al joven a cometer ese acto, sólo es posible imaginarlos. La policía local investigaba la posibilidad de que el joven hubiera cumplido un reto de internet. Sin embargo, esta teoría no fue nunca confirmada. Y aun si se hubiera confirmado, resulta irrelevante ante la fascinación que despierta en uno la imagen del hecho. La imaginación se orilla a pensar en que tuvo que haber algo más, una especie de deseo o ilusión dentro del joven que lo llevo a tomar la jeringa con la mezcla de mariposa y agua e inyectarla en su cuerpo.  

Gregorio Samsa se despierta transformado en insecto tras una noche de mal sueño. La situación le sucede por cuestión de azar. Pero ¿qué hay de aquellos que conscientemente deciden participar de una metamorfosis? ¿Qué deseo es el que orilla a intentar lograr una transmutación del cuerpo? «Hay que saber hablar la lengua del soñador para comprender las imágenes que alucina y que se yuxtaponen espontánea y desordenadamente en su sueño».[1]  

En el segundo apartado de La parte maldita, Bataille hace una teorización sobre el sacrificio y cómo éste, inagura un mundo que se opone al mundo de las cosas, aquel mundo de lo útil. Bataille escribe que “El sacrificio devuelve al mundo sagrado lo que el uso servil ha degradado, profanado”. El sacrificio consagra al mundo y a las cosas, unifica el mundo de las cosas con el sujeto. El orden del trabajo ha transformado justamente a los hombres en cosas, y a las cosas del mundo, iluminadas por el sol que da sin recibir, se vuelven siempre una degradación, la cual, sólo tiene contacto con el hombre en cuanto le son útiles. Y el mismo hombre, se vuelve una cosa en la maquinaria de lo útil. Frente a esto, y volviendo a la economía cósmica, es necesario una dosis de destrucción, de dilapidación.

El sacrificio devuelve al mundo sagrado lo que el uso servil ha degradado, profanado... No es necesario destruir propiamente hablando el animal o la planta que el hombre convirtió en cosa para su uso. Basta, al menos, destruirlas en tanto que cosas, en tanto que se llegaron a convertir en cosas. La destrucción es el mejor medio de negar una relación utilitaria entre el hombre y el animal o la planta”[2]. La destrucción que ofrece el sacrificio es la destrucción de la relación objeto-sujeto. Todo se consagra, sobrepasa el límite. Como en la religión, se busca lo sagrado. Abandonar el orden de las cosas reales y de la pobreza. Introducirse en el puro exceso. Ser totalmente libre, soberano. Añade Bataille:

El sentido de esta profunda libertad se da en la destrucción, cuya esencia es consumir sin beneficio lo que hubiera permanecido entro del encadenamiento de las obras útiles. El sacrificio destruye lo que consagra… Basta con que quede roto el lazo que une la ofrenda al mundo de la actividad lucrativa pero esta separación debe tener el sentido de un consumo definitivo; la ofrenda consagrada no puede volver al orden real. Este principio abre la vía al desencadenamiento, libera la violencia reservándole el terreno en el que reina sin rival.[3]

El mundo íntimo se opone al real como la desmesura a la mesura, la locura a la razón, la embriaguez a la lucidez[4]. Frente al sacrificio sólo fascinación. Continuidad. El exceso de la belleza del que escribe Blake. Pero no es sólo la belleza ideal. Sino también el horror de la muerte, el entregarse y el morir. Ese es el gran peso del sacrificio.

«La seducción extrema probablemente está en el límite con el horror».[5] Bataille, al analizar la atracción a las flores encontró que el deseo nada tiene que ver con una belleza ideal ni a un principio de funcionalidad.[6] La belleza ideal en la planta correspondería a la flor y su corola, que cubre los órganos sexuales. Sin embargo, al marchitarse, ésta se vuelve fea a la vista, como confesando su engaño. En contraparte, el tallo y las raíces de las flores se presentan a la abstracción como parte pueriles, impuras, sucias. Las raíces que, se revuelcan en la tierra su oscuridad, desafían a un imperativo moral de belleza. Es la bajeza de la forma. La contradicción entre las partes de la planta revela algo más: la muerte, y la banalidad de la fragilidad de los cuerpos. En este sentido, «el amor tiene el aroma de la muerte». 16

Volviendo al muchacho, lo único que queda del hecho es la transgresión. Podemos atribuirle los motivos que pensemos; el incorporar la belleza de la mariposa, el querer alimentarse de las flores o incluso, como se lo planteó la policía, el cumplimiento de un reto. A decir verdad, lo más probable es que el chico no anticipara que fuera a morir. «El ser alcanza el resplandor deslumbrante en la aniquilación trágica».[7] Y aun así, lo que queda es la transgresión. Transgresión de la lógica de las enseñanzas de la ciencia, transgresión del propio cuerpo. Un sacrificio. La imagen que falta en esta crónica es el motivo que orilló al muchacho a forzar una metamorfosis. Y aunque falta, la imagen se revela ausente, intraducible, pues es un movimiento anterior al lenguaje. Movimiento animal, como el que realizaron los primeros humanos dentro de la cueva de Lascaux. Sobre la metamorfisis Bataille escribe:

Podemos definir la obsesión por la metamorfosis como una necesidad violenta, que se confunde además con cada una de nuestras necesidades animales impulsando a un hombre a desistir de repente de los gestos y las actitudes exigidos por la naturaleza humana: por ejemplo, un hombre entre otros, dentro de un departamento, se tira al suelo boca abajo y se pone a comer la papilla del perro. De modo que en cada hombre hay un animal encerrado en una cárcel, como un preso, y hay también una puerta, y si entreabrimos la puerta, el animal se abalanza hacia afuera como el preso que encuentra la salida; entonces, provisoriamente, el hombre cae muerto y el animal se comporta como animal, sin preocupación alguna por suscitar la admiración poética del muerto.18

 La obsesión por la metamorfosis es el movimiento que posibilita el deseo hacia la transgresión. Un sacrificio para el fin de lo sagrado. ¿Qué mayor sacrificio que dar el cuerpo y tu propia naturaleza?   



[1] Quignard, la imagen que nos falta, 19.

[2] LA parte maldita 92.

[3] La parte maldita, 94

[4] 95.

[5] Bataille. La conjuración sagrada, 37.

[6] Ibid, 26.  16 Ibid, 27.

[7] Ibid, 225. 18 Ibid, 54.

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