domingo, 26 de abril de 2026

Sobre la interioridad del erotismo

 

Una de las primeras estrategias argumentativas de Bataille en “El erotismo” es resituar su acontecer como experiencia fenoménica, negando su habitual comprensión de individuos deseantes de objetos exteriores. Esto para explicar el fenómeno erótico como experiencia subjetiva y debilitar la comprensión objetiva.

La primera caracterización de la experiencia erótica es la pérdida. Como en aquella ilustradora imagen presentada en la introducción del texto; análogamente al organismo unicelular, abandonamos nuestra discontinuidad y perdemos nuestro propio “yo”. Este movimiento es naturalmente violento, en este contexto, la misión que se plantea Bataille es la de comunicar su “experiencia interior” como elemento indispensable para entender o vivir religiosamente el erotismo.

La consideración que haré sobre las ideas de Bataille, tiene que ver con balancear y analizar las razones para situar el erotismo más allá del objetivismo científico. Según la concepción batailleana de erotismo, los elementos que están en juego en el acontecer de este suceso tienen que ver con la conciencia de la muerte, la dinámica de movimientos de prohibición y transgresión e incluso tensiones contradictorias como la angustia y el placer del pecado, es en palabras de Bataille, “un movimiento del ser en nosotros mismos”.

¿Por qué conceder a Bataille esta estructura?

A pesar de que hay elementos de la vida sexual humana que podemos esforzarnos por describir y entender como haríamos tradicionalmente con cualquier fenómeno, Bataille introduce varias consideraciones que hacen de su “erotismo” algo más abstracto y abarcante que lo que inicial e ingenuamente quisiéramos etiquetar como “sexualidad”. Esta es en realidad solo uno de los tres tipos de erotismo que Bataille describe, sin embargo, aquí este concepto está emparentado con la religión. No ha de sorprendernos la abundancia de verbos psicológicos con las que Bataille introduce conclusiones, el erotismo sagrado es análogo al misterio, parece ser incomunicable y solo admite experimentarse.

La transgresión aquí es constitutiva del erotismo, en la medida en que el individuo reconoce la prohibición y decide transgredir, hay efectivamente erotismo. La violencia no puede manifestarse libremente en nosotros, somos frenados por la prohibición. La prohibición también es descrita de forma poco habitual, es parte de la subjetividad, es representada sensiblemente mediante la angustia y el goce, el experimentar la transgresión es inicialmente un momento de angustia, de estar suspendido al cruzar el límite, pero finalmente un goce y un placer. Es un desgarramiento, un fragmentarse continuamente de la conciencia.

En esa medida, podemos reconciliar la pretensión del autor con nuestras intuiciones e ideas, generalmente opuestas y dirigidas a escenarios contrarios. La construcción de Bataille es más ambiciosa y amplia que los conceptos con los que podemos comunicar.

¿Hay salvación acaso?

Meritocracia, uno de los grandes mitos bajo los cuales se ha edificado el aparato social: "trabaja y conseguirás lo que deseas". Pero ¿Hasta cuándo, cuánto tiempo más, cuántas vidas más necesita el hombre para por fin, después de trabajar pueda vivir, vivir sin trabajar? "Trabaja y conseguirás lo que deseas", pero y si lo que se desea es esto mismo, disfrutar de la vida plena sin necesidad de verse esclavizado a las cosas: el gobierno, Dios, la familia, el futuro. Vivir no más que en la intimidad del instante. El más húmedo de los sueños del hombre. Quizá se necesita más de una vida para poder apreciar la vida; quizá se necesita más tiempo para disponer de tiempo libre, libre de producción; quizá necesito ansiar más el trabajo para un día despertar sin la necesidad de trabajar; necesidad, más que el agua y el aire, más que el sueño y la comida, quizá la pirámide de Maslow está equivocada, la necesidad más primaria para el hombre contemporáneo es el trabajo. ¿No es todo esto contradictorio, no acaso hay algo mal con la normativa del trabajo contemporáneo, no hay algo incluso nocivo en el pensamiento: "Vivir para trabajar y trabajar para vivir"?

El ocio, el descanso y el tiempo libre ya se han perdido, incluso más que el santo grial, más que el arca de Noé o los textos antiguos que la Alejandría perdió al arder. Se ha perdido la inutilidad del descanso, hoy en día incluso el descanso debe ser productivo y útil. Pues no acaso el trabajo y la utilidad nos brindan algo que el descanso no, no acaso trabajar es similar a ser algo. "Ser algo" ya sea una cosa o un sujeto, una herramienta o aquel que porta la herramienta, que de hecho ¿No acaso son lo mismo, no acaso el hombre se convierte en herramienta en la medida en que es útil, no acaso el hombre ya es ajeno al hombre mismo? pero algo así incluso vale más que ser un holgazán, un flojo o un desempleado. El trabajo nos proporciona realidad, nos proporciona ser. ¿Será que somos en la medida en que tenemos trabajo, en que somos útiles? Al día de hoy el holgazán es un mito, un cuento de terror para asustar al trabajador antes de dormir (sí es que puede). El holgazán no existe en la sociedad, ¿Quién de aquí puede estar orgulloso de no vivir anclado a un trabajo, quién de aquí puede gritar que vive? Ser holgazán es peor que ser un asesino.


¿Acaso existe salvación alguna para el trabajador, más allá de la que ofrece la religión al morir, acaso el trabajador necesita morir para ser salvado, acaso el trabajador debe renunciar a su vida para salvar su vida? Suena incómodo e incluso arriesgado que haya que morir, ¿Qué más hay?... El arte y el erotismo ¿no guardan acaso estas dos en su interior algo que renuncia y niega el trabajo; no acaso el arte y el erotismo son fuerzas de desgaste que nos conducen casi al desfallecimiento; quién en el éxtasis de la consumación carnal no ha sentido la misma falta de aliento que uno experimenta cuando presencia una imagen o escucha una melodía o recita un poema? El arte como el erotismo nos hacen desfallecer porque en ellos de algún modo recuperamos la inmanencia y abandonamos nuestra condición de herramienta, de sujeto que se concibe a sí mismo como una gota de agua fuera del agua. El arte así como lo erótico guardan una propiedad mística, pues ¿no acaso hacer arte o ser participe del desenfreno erótico es de algún modo sacrificar nuestra integridad de sujeto; no es acaso con violencia el cómo arrancamos de nosotros mismos toda moral y normativa del trabajo; no acaso éstas dos así nos asesinen, mutilen y desoyen nos afirman algo que el lujo, el paraíso y la organización del trabajo, la religión o el estado jamás podrán concebir, y qué es esto? La vida misma, y aún cuándo permanezcamos más tiempo trabajando que descansando, aún cuando seamos más herramienta que otra cosa, con concebir un minuto de clímax artístico o erótico, habremos recuperado nuestra fascinación por la vida.


miércoles, 22 de abril de 2026

Fragmento de la LógiKa: Necrofilia Enamorada fragmentos III, IV, VI

 Quedaron de verse a las 7 de la tarde, Lilith estaba en su clase de ballet y de ahí regresarían a la casa de Lucio, él pasaría por ella a la escuela, y aunque no hubiera muchas palabras entre ambos, la tarde estaba acordada para aquellas dos almas enamoradas, talvez este momento llegó desde la primera vez que se vieron en aquella fiesta. Ella no sabía qué era lo que tenía Lucio, pero al entablar contacto, sabía tácitamente que sería quien la poseería por primera vez, Después de 17 años de castidad e inocencia física y espiritual, el tiempo para hacerlo los asaltó a ambos sin misericordia. Lilith por su parte tuvo algunos cuantos días dónde sentía culpa, algún que otro remordimiento a su madre, y todos aquellos pensamientos que nublan el juicio y la hacían pensar en algunas barbaridades a la hora de comer o cuando estaba en el baño. Por aquellos días, Lilith tuvo su primer sueño erótico, esto generando cierto desconcierto en ella, pues lo extraño radico en que no soñó con Lucio como sería acordé con todas esas fantasías medievales, si no que había soñado con su amiga Luzbel. 

¿Cómo era posible que a través de aquel florecimiento tan repentino su deseo no fuera su amante sino su mejor amiga? Algo indebido que la hacía avanzar nuevamente a un sentimiento de culpa y desaseo, un sentimiento aún incomprendido que aceleraba su sentir, y que le aligeraba los primeros pensamientos eróticos, a la par estos también se fueron desvaneciendo en una bruma de calidez e irresponsabilidad. 

Para Lucio todo esto fue diferente, claro también hubo ese impulso sexual desde el primer día que se conocieron, como si de animales se tratase, él pensaba todo el tiempo en tener relaciones con ella, lo pensaba en la tarde, en la noche, en la mañana, y algo si era definitivo, en él no existía un sentimiento de culpa, ni estaba en una especie de florecer y sin duda, el en diferencia sentía lo mismo con cualquier mujer que trataba.

De camino a su casa, Lucio fue nombrando cada cosa que le gustaba de Lilith, lo primero fue la palidez de su piel, un blanco uniforme que le daba aspecto de estatua de panteón, como de mármol sólido.

—"DaVinci te pudo haber inventado y pintado como su musa", le dijo Lucio fingiendo elocuencia.

—"DaVinci me inventó en una de sus noches de enfermedad desquiciante", le contestó ella sonriendo.

Probablemente Lucio, después de aquella interacción algo vaga, empezó a generar una especie de afecto sobre el deseo, algo que la hacía diferente, como si tuviera en un hechizo que al conjurar su nombre le hiciera sentir un placer distinto. Supo bastante bien que era amor, pero no que tipo de amor, más esto no era razón para preocuparse pues Lucio, además de sentirlo, ya le había dicho a diez mujeres distintas que las amaba.

Dieron las siete y media, y su plática se tornaba algo ambigua y evasiva, hasta que l
legaron a su casa, dónde sin pudor ella preguntó:

—¿Quién es ella? 

—Es Lupita la del aseo y esas cosas

—Creí que no habría nadie.

—Pues yo también, trate de darle el día libre pero no sé lo quiso tomar.

Lilith lo vio con una evidente cara de indeterminación e inseguridad, como si bajo su estatua viva se llevará el nombre de "Incógnita" sobre su pedestal.

—No la armes de tos, pinche Lilith. Respondió Lucio abrumado. 

Ya que Lupita, desde el umbral parecía más un alebrije mítico que esperaba la llegada de su señor para darle la bienvenida, a la clara muestra del imperialismo construido en la casa de sus padres. Lupita con una extravagancia anormal sonreía descaradamente que sobre sus dientes parecía brillar un especial dominio sobre la situación. Lucio y Lilith la vieron a lo lejos y los dos simularon tranquilidad, cuando bajaron del coche, se tomaron de la manos, y Lució la llevó como primer destino, al Mausoleo familiar donde había organizado su fiesta donde se conocieron, "Vaya desmadre hay" pensó Lucio recordando la semejante pachanga que tuvo, viendo la cara solidificada de Lilith, recordando el aleteo incesante del alebrije de la entrada de su casa y viendo un letrero imaginario de Motel que parpadea tintineando, sobre la entrada de la capilla.

—¿A dónde vamos si tu casa está allá afuera? Le pregunto con voz apagada Lilith

—Quiero que conozcas a mi exprima; le respondió Lucio

Cuando entraron al sepulcro se toparon de frente con las todavía botellas de la fiesta de la semana pasada, además de algunos cristales y colillas dispersas por todas partes, mirando e ignorándolas se sentaron en la plataforma que quedaba frente a la puerta y hubo un gran silencio reposado ligero y tranquilizador un silencio que tenía demasiado que ver con la cercanía a la muerte. Bajo la luz blanquecina de los focos industriales ella se veía aún más pálida aún más sólida que el mármol, y esa apariencia anémica enfermiza provocaba que Lucio pensara que estaba dentro de uno de sus grandes sueños eróticos, donde ya no era necesario mencionar ningún nombre, Lilith lo vio dejando caerse sobre su costado y entonces lo supo, ella se empezó a arreglar el pelo, se quitó la red y se deshizo el chongo, su pelo se le desenvolvió lentamente en una caída giratoria, ella le sonreía, parpadeaba con suavidad y lo miró a los ojos con una inocencia inaudita. Lucio no podía creer lo real de la situación, una especie de frenesí en la piel lo hizo levantar sus manos hacia aquel cuello de mármol y dejó caer el suéter de sus hombros bajo el leotardo rosa de su cuerpo, cada línea de sus cuerpos parecía haber sido esculpida a conciencia, y sin saber bien lo que hacían empezaron a acariciarse, descubriendo por completo sus hombros, Lucio mordió ligeramente su piel blanquecina y contradictoriamente Lilith sentía remordimiento a futuro por tener su primera relación en un mausoleo de alguien que ni era su pariente, en aquel un lugar de muerte y que al mismo tiempo la hacía sentir una excitación irreprimible.

Ambas cosas enfrentadas bajo una misma premisa inicial, un lugar de muerte, de reposo para los que ya no están, a lo mejor Freud se hubiera vuelto loco con semejante espectáculo, la muerte, el coito, la sobreprotección de la madre de Lucio, el sueño erótico con su amiga su mejor amiga, el libido de ambos despertados y depositados en un mismo tubo de ensayo que relampaguea y cambia de matices con truenos, suele pasar que la historia de los enamorados es la convergencia de dos acueductos donde surgen y alguien seguramente se ahoga como todo romance medieval. Pero ellos sin haberse quitado un gramo de ropa empezaron el ritual, el movimiento rítmico empezó como cuando se mece una cuna, frotando los cuerpos para calentarlos como en la Física, Lilith quedó sentada al borde de la plataforma y Lucio la agarró sobre sus nalgas y se empujaba contra ella al estilo de una embestida, chocando los cuerpos mientras se besaban desenfrenadamente,  los suspiros chocaban contra las paredes, había gemidos y se escuchaban repentinamente un complaciente eco, un vaivén de voces parecido al de los baños de vapor. 

—Lucio, espera, hay que apagar la luz, porfa, me gustaría que esto fuera a oscuras.

Lucio embrutecido, emergió desde la profundidad de sus senos y volteó a ver la lámpara con el foco industrial con desprecio, vio su parpadeo de centenares de veces y escuchando el frustrante zumbar de la luz recordó en sí mismo que seguían en aquel mausoleo y fue que volteo a ver la grieta gigante en el suelo. 

—Vaya qué carajo está peligrosísimo lo de esta grieta, dijo Lucio resoplando discretamente. —Ya lo sé, contestó Lilith, mientras se quitaba partes de su atuendo de ballet dejando al descubierto su piel.

—Prende unas veladoras del santuario de tu exprima para que podamos ver, aunque sea un poco. 

Menudo Surrealismo puro, que aquello implicaba un inminente falta de respeto hacia la exprima difunta Lilith por un momento empezó con un remordimiento ligero, pero lo erótico del momento no tuvo inflexión y terminando de quitarse todas las prendas, volteaba a ver a Lucio caminando cuidadosamente hasta la bóveda donde se atesoraba la difunta exprima, entonces sacó el encendedor del nicho donde se encontraban algunas flores marchitas y prendió una veladora, acto después se dirigió a la puerta principal la cerró y oprimió el apagador. Vacío y una funesta llama se esparció por el lugar bajo la luz de la vela, está por naturaleza emitía una luz cálida y hacía que la piel de Lilith se volviera más cálida un poco más receptora, un poco más acogible, Lució al ver de frente aquella musa al ras natural como Dios nos trae al mundo, fue atravesado por una excitación inmensa e inconfesable como una lanza que se pone más rígida, lo que generó en él, el más profundo error de novato, ya que al estar de frente en un éxtasis de calentura Lucio sin más ni más a la calentura del momento trató de quitarse los pantalones sin antes quitarse los zapatos un gran acto de nerviosismo y de des profesionalismo, por qué pensaría que era buena idea quitárselos él solo, porque no pedir ayuda, y justo en la entrada del sepulcro, justo antes de tomar y entregarse a la carne y a los antebrazos de Lilith para penetrar en ella.

Tras unas cuantas risas de los dos rebotando en las paredes y unos cuantos brincoteos de Lucio sobre su pierna derecha con los pantalones abajo, hasta la altura de los tobillos, la tarde que habían imaginado desde el primer momento que se vieron terminó en un grito de horror y un cuerpo desplomándose dentro de la grieta enorme. 

A lo largo de la semana, la noticia de la muerte de Lucio recorrió todo el pueblo, en la escuela maestros y amistades sufrieron y vivieron un día triste y lento, en esa especie de solemnidad de rito pueblerino. Las personas parecen estar en un shock tan repentino de que una persona joven muera, nadie parecía creer la noticia, eso y las madres y tías que charloteaban a escondidas y comentaban las opiniones más sacadas de tema, la noticia llego a los oídos de los padres de Lucio, que habían regresado de su viaje de negocios y que poquito a poquito iban desenmarañando la tragedia de su hijo, que si montaron una fiesta la semana anterior, y las múltiples quejas de los vecinos malhumorados por el tumulto de botellas por la calle, de las múltiples escapadas de Paquita con el lechero y finalmente a la desvergonzada Lilith. La madre, sin decir nada, echó a llorar de una manera muda, sin decir una sola palabra, solamente lágrimas y humedad sobre su rostro, se tomó con ligereza algunos somníferos y un buen vino blanco, el padre se tomaba de la frente en duelo de todo lo sucedido agachaba la cabeza como síntoma de desesperación y cerraba los ojos en un intento de no llorar, se dio bondadosamente unas palmadas de respiro y le dijo a su esposa; 
—Mujer, a lo mejor deberías checar la relación de control con tu madre en un psicólogo. 
Para entonces la madre, ya dormitaba de pie a lo largo del cadáver de su hijo. 
Por otro lado, Lilith ya tenía 3 días sin salir de su habitación, no había vuelto a ver a nadie después de ese día, Lilith no quiso salir nunca de su cuarto de nuevo, como si el fantasma de Lucio la asechara para tener una eterna melancolía y no tener fuerzas, con mucha lentitud y sin gana aceptaba la comida que su madre le ofrecía, comida que no comía y dejaba podrirse en la puerta de su cuarto, mientras ella en una esquina lejana y oscura, recordaba una y otra vez el encabezado de un periódico amarillista que decía: 
EXPRIMEME EL JUGO, JOVEN CALENTURIENTO SE DESNUCO AL CAER EN SU PROPIA TUMBA. 

domingo, 19 de abril de 2026

Una meditación...

En el ensayo titulado "El no-saber" de Bataille, se lee lo siguiente "[...] el pensamiento resuelto es el que revela el servilismo de todo pensamiento: operación por la cual el pensamiento, agotado, es a su vez la aniquilación de todo pensamiento". Eso me condujo a pensar ¿Qué confianza se puede tener en el pensamiento si el mismo se aniquila?. Así comencé a meditar y escribir recordando las meditaciones de Descartes:


He de reconocerlo, la filosofía no ha iluminado la habitación en la que estoy, no ha arreglado ninguna de las cosas rotas que afirmo poseer, no me ha dado la vista elevada y Absoluta de las aves sobre el bosque. Tengo la certeza de alguien que se despierta en medio de la oscuridad, que se ve forzada a avanzar a tientas para no caer. Tengo la impresión de que hay un suelo firme bajo mis pies, sólo en la medida en que siento que lo piso, pero la oscuridad me impide ver el suelo ¿Cómo puedo afirmar que lo que piso es un suelo inmóvil? ¿No podré estar flotando en la nada teniendo la ilusión de solidez bajo los pies? ¿Por qué no pensar que el vacío puede adquirir solidez?. Me parece que con mis manos descubro la forma de los objetos que tiento, me hago una imagen de ellos y creo describir su realidad, pero podría estar tocando el vacío... Avanzo lento por la habitación hasta que choco con los muros, siento su firmeza, aquellos están construidos con contradicciones, más allá de ellos está lo que no puedo afirmar. En lo alto, los muros se funden con la oscuridad y supongo que hay un techo donde también podría estar un infinito.

Cada vez más confiado, avanzo por la habitación, comienzo a distinguir cada cosa, les pongo nombre, las relaciono entre ellas, uso de herramientas inventadas para adquirir precisión en mis labores y asegurarme de no chocar con las paredes; esas herramientas se llaman "principios". Me acostumbro tanto a la oscuridad que me parece que ilumino allá donde miro con los ojos.
Avanzando aún más en la habitación, noto la existencia de una gran apertura que me conduce a lo Desconocido. Uso de todo lo aprendido y transformo lo desconocido en conocido. Sigo avanzando pero se vuelve cada vez más arduo, lo que me recuerda la oscuridad en la que estoy sumido, así como al estamparse contra el suelo se recuerda la caída.
Desde el comienzo encontré en la habitación otros seres igual de perdidos, a veces los confundo con espectros pero los tomo como iguales por costumbre. Los primeros seres que hallé me enseñaron a distinguir; los siguientes, las relaciones de los objetos; otros los principios que uso. Ahora me percato que todos estamos en idéntica oscuridad y no confío en aquellos que dicen poder iluminarlo todo.
Si logrará cruzar aquella apertura y ascendiera al exterior, lo que encontraría no es el sol que alguna vez me prometieron, en cambio solo encontraría una noche eterna; una oscuridad casi idéntica a la del interior. La luz del exterior no es la luz de un sol deslumbrante, es la luz de una luna que no quiere iluminar, es la luz en la oscuridad del olvido y la muerte, la luz de la totalidad en la oscuridad de la nada.


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He de ser sincero: no creo que el problema de Bataille sea el problema de un escéptico radical, y si Bataille es un escéptico, lo es tanto como cualquier otro pensador medianamente serio que es escéptico respecto a una postura cualquiera que no le parece adecuada. Lo que quiero destacar es que tanto el filósofo —entiendo filósofo como aquel que quiere conocer— y el escéptico —como aquel que niega la posibilidad de conocer— siguen en el plano de las distinciones. Incluso el escéptico radical debe afirmar su escepticismo, pues si lo niega deja de ser escéptico. Así pues, el filósofo y el escéptico se preguntan ¿Qué y como se puede conocer?, en cambio Bataille nos plantea la existencia de momentos de no-saber —que no son la ignorancia que queda por conocer— que siempre están en fuga. En esos momentos de no-saber, en ese instante de soberanía ya no se conoce, sucede un olvido de todo, cae la noche en dónde nada se discierne que se volatiliza tan pronto entramos en el curso del tiempo.

miércoles, 15 de abril de 2026

Como agua en el agua

 

¿Cómo será sentirse como agua en el agua? Mis palabras me cansan. Vivo desgarrado y ese conflicto me cansa. El trabajo me separa de lo que alguna vez pude ser y aún puedo transgredir, ¿esta vida será el infinito retorno a la continuidad en la que alguna vez estuve y de la que partí desde que nací?

A veces, en los bordes del día, cuando el cuerpo se rinde y la voluntad afloja, creo entreverlo. No es una visión ni un pensamiento; es más bien un calor distinto, una lasitud que no pesa. Dura apenas un instante y se va en cuanto intento retenerlo. Pero en ese instante no hay trabajo, no hay yo, no hay palabras. Algo respira por mí sin pedirme cuentas. Y luego vuelve el desgarro, la luz blanca de la pantalla, la lista de cosas por hacer. Otra vez el útil en la mano, otra vez la discontinuidad.

Entonces deslumbro goteras de esa agua donde sería castigo mirar. El cuerpo que se tiende sin permiso sobre la tarde. Solo cuando transgredo esa frontera mínima y cotidiana siento el agua recorrerme, como si por un segundo dejara de ser yo y fuera solo eso que corre.


miércoles, 18 de marzo de 2026

Soberanos Falsos

Soberanos Falsos 

El capitalismo tardío es un enemigo aterrador que pretende ser dueño de todo, en todo momento y ha echado raíces profundas incluso en lo que se buscaba fuera de él y contra él, esta pena ha rentabilizado aquellas vías que estaban en contra, moldeando nuestros pensamientos, posicionamientos y opiniones ¿cómo estar seguros de que nosotres mismes somo autónomos fuera de él? Nosotres a sí mismo estamos en búsqueda de nadar en los que nos queda de mar. Nos movemos en un margen de utilidad sin fin inconcluso ¿Qué nos queda fuera del margen parasitario?

Creemos que personajes tan lejanos y poderosos saldrían de aquí, cuando lo que hicieron fue darle de comer a la bestia hinchada de comida. Epstein, lejos de ser una figura Soberana, siempre se preparaba para el futuro con el cálculo meticuloso, acumulación permanente y siempre acumulando secretos, jamás dejo de ser parte del mundo de la servidumbre, era un poderoso esclavo. Hasta pareciera que él se convirtió en un sacerdote de la experiencia soberana, llevando a otros esclavos a aquellas experiencias instantáneas repugnantes.

Él junto a todos los magnates, jefes de estado, figuras de justicia, estrellas de farándula y realeza jamás podrán salir del margen de la utilidad. Por más rituales que lleven a cabo sociedades que creen jamás podrán ser Soberanos de un sistema que siguen manteniendo para mantenerse a sí mismos.

La soberanía como parasitismo

 


El concepto de soberanía introducido por Bataille nos hace replantearnos el estatuto de nuestras normas, deberes y convenciones respecto a la acción. Lo que el autor propone es un rechazo definitivo a la denominada “servidumbre” entendida como la existencia condicionada del individuo en primer lugar por el tiempo y en segundo lugar por la prohibición, el tiempo lo determina a vivir en la angustia ante la ausencia futura que implica la muerte y la prohibición como impotencia realizadora de aspectos que Bataille denomina “sagrados”.

La concepción en que se fundamenta la condición soberana del hombre es la transgresión, la forma en que Bataille plantea la necesidad de la transgresión es bastante problemática, porque implica un discurso contradictorio (paradójico), en concreto, el tipo de paradojas que advirtió Moore: las paradojas performativas. El reconocimiento de la transgresión implica afirmar la normatividad, no al revés, negar la norma transgrediéndola solo afirma el porqué de la norma, la legitima. La transgresión necesita agencia racional: reconocer una norma, decidir oponerse a ella y actuar en consecuencia, la soberanía batailleana tiende a disolver las condiciones que hacen posible esa misma agencia; la supremacía de la transgresión sobre la obediencia,  la serenidad sobre la angustia,  la soberanía sobre la utilidad, solo puede acontecer al margen de la agencia moral racional, la razón y sus consecuencias no oprimen al sujeto, más bien le dan una estructura reafirmadora de sus virtudes y de su libertad entendida positivamente, tanto en la autonomía de sus juicios, como en la heteronomía circunstancial.

Respecto a la dialéctica de las reglas y su rompimiento Bataille la describe primeramente en el reconocimiento, después el rechazo (contradicción) y finalmente la transgresión, sin embargo, la propuesta de Bataille omite un paso indispensable en la dinámica dialéctica: la síntesis. Antes de negar una dirección de la implicación, lo prudente para un hegeliano es someter a análisis el producto de la contradicción, no omitir su existencia. Antes de la transgresión hay un momento de reforma, de reconstrucción, de crítica a los valores morales en que se sustenta la norma, que interpele a los otros y exige de ellos un naciente reconocimiento.

La versión reducida del concepto de utilidad que Bataille admite, ignora el aspecto racional de la instrumentalidad de la norma incluso al nivel de la soberanía subjetiva, la utilidad del aspecto convencional de la vida social posibilita la afirmación de los individuos al nivel de confianza social, desarrollo personal, y en lo más elemental incluso la supervivencia básica, la posibilidad de la vida soberana (absoluta) es enteramente contingente, no hay manera en que dicha condición pueda ser adquirida por un redireccionamiento de la voluntad o una toma de conciencia que prioriza sistemáticamente el presente, por tanto, si asumimos que la condición de soberanía es altamente improbable , lo que puede respaldar y sustentar la supervivencia de los individuos es el desagradable e indeseable terreno de una moral utilitarista y la obediencia de las normas de convivencia, no hay forma en que el planteamiento batailleano sea sostenible, es una solución desesperada, un caso límite. Depende, paradójicamente, de un trasfondo de orden, regularidad y obediencia que ella misma desprecia.

La latitud desde la que Bataille articula su escrito contra las nefastas consecuencias de un voraz capitalismo son satisfactoriamente recibidas como un diagnóstico, un mapeo de la situación y una advertencia de los peligros a los que estamos expuestos si bajamos la guardia, un texto que es a mi juicio un experimento mental, porque no debe tomarse en serio la propuesta límite que Bataille ofrece, es más bien una exaltación de lo que queda fuera, lo que desborda una explicación racional habitual.

 

Sobre la interioridad del erotismo

  Una de las primeras estrategias argumentativas de Bataille en “El erotismo” es resituar su acontecer como experiencia fenoménica, negando ...