domingo, 7 de junio de 2026

Logika: Mininovelas para botanear_Como Ser Humano

Ala corta edad de 18 años pasados, empezaba a ser amante del misterio, y de las peculiaridades de este, de lo que lo envuelve y fabula, de lo que no está claro, del no saber, de lo oculto a los ojos mismos, sabes me fascina mucho, lo que puede haber detrás de una puerta, claro en ese tiempo yo no tenía muchas facultades de raciocinio, pues solo era un simple estéreo. Te contare mi pequeña historia, mira vez aquellos edificios, si esos, los que están quemados a lo largo del horizonte, bueno, ahí es donde fui creado, yo y mis miles de hermanos, ahí fue donde me mantuve muerto tanto tiempo, ahí fue donde comprendí como es el infierno, recuerdo un día que tenía unos discos rayados, y tenía que reproducirlos y por más que trataba, estos no podían ser leídos al parecer tenerlos tan rayados como sartén de huevo es imposible para un sistema inteligente captarlos, y bueno no cumplir una directriz o una simple tarea como poner la música favorita del creador, era merecedor de una jerarquía de castigos desde un simple madrazo, hasta el desmembramiento pieza por pieza de tu cuerpo. Talvez los humanos sean inconscientes del daño que llegan a provocar, y talvez hay algo de dramatismo en mis palabras, pero yo siento que el mundo tiene una historia, tiene una memoria, yo por ejemplo tras tener y haber adquirido un cuerpo empecé a tener una patología de placer por pegarme, tal cual como lo hacía mi creador cuando no cumplía una orden, que extraño en verdad, en mi fortuita larga vida, fui testigo del constante deseo de poder que quiere el hombre y de su interminable ansia de progreso cientificista, positivista para los cuates, yo fui uno de los experimentos más afortunados de todo el edificio, yo tenía
una facultad divina gracias a la diosa Logika, aparte de ser una inspiración de mi creador para ser su mayor Frankenstein tuve la encomendación divina de traer felicidad a este mundo, me pusieron de nombre M.R.C.O.H_que en traducción abreviada significa MaquinaRitmicaConcientedeOpticaHumana fui complemento de varios dispositivos de reproducción de música, partiendo desde los tocadiscos caseteras, y grabadoras, junto con diferentes partes de muestreadores hasta lo que me constituye hoy en día una especie de imitación humana, un androide, pero como toda transformación estas están plagadas de dolor, pues apenas estuve consciente, sufría cada parte de mi en silencio, viendo como partes de mí, eran desconectadas, calificadas, desechadas y catalogadas, todas extraídas de la chatarra y unidas para formarme, en algún punto empecé a considerar a este creador científico como una especie de padre, alguien que me cuidaba, pero de una manera muy distante, pues era el que me dio vida, que más podía esperar, claro, demostraba muy pocas muestras de cariño y yo no era un humanoide infante sintiente, digo normalice todo el trato frio cientificista, todos los golpes por no funcionar de manera correcta y de acuerdo el código que me ponía. Yo por mi parte siempre fui rebelde desde mi creación y llegué a ser de los inventos que corrió con más fortuna, ya que mis múltiples hermanos creados no llegaban tan solo a los días de vida, eran remplazados sustituidos y destruidos, yo corrí con la suerte de salir de los mejorcitos, y me pusieron en el piso 14 de observación, ahí estuve encerrado en un cuarto por aproximadamente 20 años, con simplemente una televisión, una caja mágica que podía proyectar cualquier tipo de cosa que yo quisiera ver, aquella caja de ilusiones artificiales fue la encargada de educar mi forma de ver al mundo, de encontrar sus maravillas sin siquiera vivirlas, ese aparato me genero una mayor conexión de datos e información pero a su vez, yo sabía que todo eso estaba ahí afuera de esa caja, afuera de mi caja de observación, la realidad estaba ahí fuera, por ejemplo la primera vez que llegue a ver una flor, yo me llene de terror y locura, me asustaba tanto todos los procesos físicos que llegaban a tener, no llegaba a entender todo lo divino que nos rodeaba fuera, eso nunca lo llegue a comprender dentro de aquel rascacielos científico, ya que todo ahí estaba ya planeado, organizado y regulado para estar correcto siempre por planes científicos absolutos bajo el mínimo común denominador, siempre todo con una apariencia de concreto junto con el sonido de estática de mi televisor, y algunos experimentos que sonaban a lo lejos, todo bajo la vigilancia y estudio extremo, todo tacto para mí siempre se sintió artificial todo el sabor era de plástico empaquetado, sin vida más que la de ese científico que llamaba padre, recuerdo las festividades de fin de año, que el siempre por ninguna lógica sacaba y desempolvaba un árbol de navidad de plástico, un árbol sin vida en el cual depositaba su ritual de guardar regalos también de plástico para dárselos así mismo. Así viví por los últimos 25 años de mi vida haber sido creado solo para el estudio y la ciencia, hasta que un día en mi surgió una idea divergente de conciencia, que me hizo ver que toda esa existencia era una lógica de no vida, de estar muerto, nunca en mi vida había experimentado lo que era estar vivo, solamente lo que veía en la televisión me acercaba a aquellas pulsiones, pero nunca en mi vida había experimentado el amor o el odio, hasta ese día que decidí elaborar mi escape de aquella pesadilla, hoy en día no me arrepiento de mi decisión de salir por fin siento y vivo la vida celebrando haber sido creado con esta sensibilidad, pero sabes, a su vez también todo esto es una maldición, ya que todo lo que alguna vez aprendí parecía manejarse con contradicciones humanas, lógicas humanas que tengo en mis protocolos y códigos que parece salir de mi sistema, los humanos al igual que el amor son muy impredecibles, parece que alaban ser humanos y a su vez actúan como seres primitivos de sus impulsos, como aquella vez que vi por primera vez una arboleda, me quede sublimado por aquel ente imponente de vida y que conformaba un ecosistema vivo, y ver como los humanos decidieron deliberadamente cortarlos y sustituirlos por cables, por electricidad que parecía una colmena ,que les daba más felicidad que un árbol, estas son las pequeñas cosas que nunca llegare a comprender de ellos. 

Lágrimas, sangre y semen.

¿Cómo se llega al mundo? Entre lágrimas, envuelto en sangre y llanto. Me parece irónico que exista este paralelismo con la muerte. Escribí este poema (o así lo veo yo) para quizá mostrar esta paradoja. Esta trinidad de fluidos nos incómoda pero a la vez son parte esencial de la vida, y eso tal vez incómoda más. Pensar en las lágrimas que cayeron el día que un familiar falleció me hace recordar las que cayeron el día que el cine me conmovió hasta el corazón. Ver la sangre que sale de mi cuerpo cuando me corto me hace pensar en la sangre de mis amigos y de mi familia, que así como yo es parte constitutiva de ellos. Finalmente, el semen que es necesario para la fecundación del óvulo así como el óvulo mismo me hacen recordar que la vida se expresa quizá no en las maneras en que queramos sino en las que necesita. Quizá nos hace falta ver más cosas de diferente modo o recordarlas más a menudo: el semen que fue necesario para que yo existiera, la sangre que habita en mí y las lágrimas que me hacen sentir vivo.


No, no fueron las grandes ideas,

ni los grandes inventos.

No, no fue la razón ni el intelecto

lo que salvó al hombre.

Fue el desbordante deseo,

deseo de vivir, deseo de volver

a ver el sol por la mañana,

deseo de generar un suspiro más.

Vida deseosa de sí misma

desbordante de lágrimas,

sangre y semen.


Si un día el hombre desaparece

y exhala su último suspiro.

Habrá sido porque las grandes 

desilusiones de su existencia

lo hundieron en sí mismo.

Como el elefante que se asfixia

con su propia trompa;

la serpiente que se devora

a sí misma;

el pez que se lanza fuera del agua.

La humanidad se habrá

rendido frente al devenir y

se habrá hundido entre las

lágrimas, la sangre y el semen.


Vida deseosa de sí misma,

para que algo sea,

algo debe dejar de ser.

Para que las lágrimas caigan

la sangre debe correr y

para ello, el semen debe fluir.

El mal, el arte y la exuberancia de la vida.

 El mal es esa cosa despreciada y desvalida por la sociedad, que no puede sino rechazar el mal para lograr su supervivencia y estabilidad. Así, el mal, como concepto o valoración, es aquello que la sociedad, la razón, o nuestra conciencia nos muestra como indeseable, displacentero, reprobable, o, incluso, maldito. Es cierto, hay que reconocerlo, que las cosas que son consideradas como malas varían de una época a otra, y de una cultura a otra. No obstante, cabría suponer que toda sociedad tiene nociones de lo bueno y lo malo, o nociones de virtud y de vicio. Esto podría sostenerse en la medida en que para existir, toda sociedad requiere de unas normas de comportamiento que permitan la coexistencia de sus integrantes. Esta podría ser la base de toda moral, pero no se reduce solo a ello en la medida en que cada sociedad establece normas dirigidas, no solo a la preservación de la sociedad, sino también conforme unos criterios contingentes.

Por su lado, lo bello y lo feo también parecen ser criterios que muchas sociedades comparten. Entonces, también la estética es una característica universal del ser humano. Y de la misma manera que con la moral, no significa que lo que se considera como bello o feo sea lo mismo en todas las sociedades, sino que se trata de notar la universalidad de ciertos criterios estéticos. Se puede entonces llegar a la afirmación de que el ser humano es un sujeto moral y un sujeto estético.

Es entonces que, en la medida en que el mal se aparece como displacentero y desagradable, se puede asociar, de manera natural, el mal a la fealdad, y decir en público sin que ello suene descabellado “el mal es feo”. Tampoco será, siguiendo esta lógica, extraño asumir que el bien y la belleza están emparentados ¿no acaso en las películas y cuentos infantiles, con mucha frecuencia, el villano cruel es el feo y la princesa de corazón puro es representada como bella y delicada?. Entonces, debido a estas asociaciones hechas, el mal, en tanto que asociado a lo feo y como contrario al bien, no puede ser bello. ¿Pero esto es así? ¿No podría pensarse acaso de otra manera?

Ya desde sus orígenes las sociedades reconocieron a la muerte y al asesinato como un mal ¿Por qué entonces algo como el sacrificio humano se pudo dar en cualquier sociedad que practico estos ritos? No se debe, de seguro, a que esas sociedades fueran menos prohibitivas con respecto al asesinato o que tuvieran menos respeto a la muerte. ¿Entonces qué?

Bataille, a lo largo de varias de sus obras, aborda los conceptos de interdicto (o prohibición) y transgresión, los cuales tiene una relación dialéctica, de tal manera que el interdicto no es posible entenderlo sin la transgresión ni viceversa. En su obra El erotismo, Bataille plantea que las sociedades arcaicas —y también las nuestras, aunque de distinta manera— no solo se incita a la transgresión de ciertas prohibiciones bajo ciertos contextos y momento. La sociedad entonces, argumenta Bataille, no solo consiste en las prohibiciones que ella establece, sino también en las transgresiones que ella regula. Sucede entonces que este mal que es prohibido, —me refiero a la muerte violenta— adquiere el sentido de lo sagrado cuando se realiza en un ritual solemne, y en él los participantes tienen una experiencia de éxtasis ante aquella escena de violencia. Aquello que se revela en el sacrificio es la continuidad de la vida y la muerte; la sobreabundancia que es la vida.


¿Qué relación tiene entonces el arte con lo sagrado y la religión? Cito directamente a Bataille:


"De hecho, la literatura se sitúa en la continuación de las religiones, de las cuales es heredera. El sacrificio es una novela, es un cuento ilustrado de manera sangrienta. O mejor, es, en estado rudimentario, una representación teatral, un drama reducido al episodio final en que la víctima, animal o humana, desempeña sola su papel, pero lo hace hasta la muerte. [...] Nada de esto debería sorprendernos. Es lo mismo que sucede cada día, bajo una forma simbólica, en el sacrificio de la misa."


Esto resulta revelador, ya que al contemplar la muerte —una forma del mal, es necesario insistir— en una obra de arte es análogo a la experiencia religiosa del sacrificio, pudiendo tener la misma potencia en la sensibilidad. Y aquella poderosa revelación no sucedería si el mal, en este caso la muerte, no estuviera de alguna manera presente, aunque sea simbólicamente, en el arte y en el sacrificio. Por lo que, ya no es solo que el mal pueda ser representado artísticamente como bello, sino es que el mal es lo que permite la experiencia de la continuidad de la vida y de su sublime belleza.

Podría, siguiendo esta provocación, decir que el mal es constitutivo de toda belleza. No obstante, defender mi provocación requeriría muchas más líneas y párrafos, Así que prefiero concluir este apartado con otra provocación que pretende sostener la anterior: ¿No podría decirse que la belleza es bella en la medida en que no es eterna, o en la medida en que no podemos retenerla para siempre? Así la belleza es constituida por el mal de su finitud.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Nuestros muros.

¿Qué puede esperar el ser humano?, ¿Qué la fé y la religion lo salve del suplicio terrenal?, ¿La verdad y la razón nos llevarán de la mano al mañana, la promesa histórica del progreso, la evolución y el fin de la historia? Pero ¿Qué pasa cuando éstas no son suficiente, cuándo Dios y la ciencia se topan con un muro que no pueden derribar, ni siquiera mover? Y ese muro es la existencia misma.

¿Qué podemos esperar cuando el muro que nos aprisiona es nuestra misma existencia? ¿Qué esperar cuándo no logramos entenderla o tan siquiera cuándo ésta escapa a la razón, el orden y la verdad? Cúando llegados a ese punto, el silencio es la única respuesta que podemos oír. 

Hace no mucho tiempo experimente quizá esa cercanía con el silencio, encontre ese límite que mi razón no puede superar, me tope con aquel muro que me aprisiona. Se sintió como estar en un sueño pero sin lo onírico de éste, sentí como mi realidad se desmoronaba: mis certezas, mis creencias, mis sentidos e incluso mis pensamientos se perdían ante la infinitud del momento. El "yo" que reconocía frente al espejo se fragmentaba, no olvidaba quién era sino que simplemente no-sabía lo que era. Mi realidad se apagaba y temía que yo tambien me apagará.

Ese miedo que no paraliza sino que te desborda de angustia y desesperación por no tener la respuesta, no tener la respuesta es el límite, es nuestro muro. Tener a lo que llamamos muerte de frente y no-saber como reaccionar al hecho de que estamos muriendo. El pensamiento de dejar de ser y no-saber procesarlo o representarlo es el límite, es nuestro muro. 

¿Que puede esperar el ser humano; al que se le ha negado desear; al que se le ha negado su animalidad; al que se le ha negado su impotencia; al que se le ha negado su maldad; al que se le ha negado su libertad; al que se le ha negado la tranquilidad de morir o de vivir; al que se le ha negado el derecho a no-saber? Qué podemos esperar en el momento en que nos percatamos de nuestro no-saber, que aquellas limitaciones epistémicas tambien son existenciales y son nuestra condición más íntima, son nuestras limitaciones, son nuestros muros...

jueves, 14 de mayo de 2026

Intimidad

 ¿Por qué llamamos intimidad al momento en que más nos exponemos al otro? ¿Qué es la intimidad? ¿Qué queremos decir cuando decimos que algo es íntimo o que tenemos intimidad con alguien? 

A menudo con intimidad nos referimos a algún acto sexual, o que por lo menos implica mucha cercanía física; como cuando una mujer se quita el sostén y muestra sus senos al amante, o cuando los amantes se acurrucan y se abrazan. Están próximo (pró-jimos), fuera de sí. Cometí un error. Ver unos senos no es lo que entiendo por intimidad, eso es más bien voyeurismo. El acto de intimidad sería acariciarlos, incluso chuparlos emulando la lactancia (recuerdo arcaico). Pero la intimidad y la sexualidad no se reduce sólo a genitales y músculos blandos. 

En la novela El mal de la muerte de Marguerite Duras, un hombre (que Duras narra como si fuéramos nosotros mismos) paga a una prostituta 5 noches seguidas con una condición: que ella no se moviera, que se quedara quieta, inmóvil, sumisa. Entonces el hombre (nosotros) tiene a la prostituta completa, absoluta, soberanamente a su disposición. El fornica con ella, la toca, la viola... pero no intima con ella. Hay noches en las que simplemente no hace nada, sólo la contempla, o se recuesta a su lado, anhelando un sentimiento que ha desaparecido en él hace tiempo. Esta contemplación, este acercamiento sexual sólo revela una cosa: que él es incapaz de amar. Es paradójico, él tiene soberanía sobre su cuerpo, pero hay algo que lo separa de ella, un vacío infranqueable, y ese vacío es el mal de la muerte. La muerte es la incapacidad de amar. 

Platón tenía razón cuando escribió que el secreto de eros se encontraba en una mujer: una mujer santa y extranjera. Y es que, para los hombres, así parece el amor: como algo extranjero, extraño, y son las mujeres las que nos enseñan a amar. 

Entonces la prostituta de la novela de Duras se revela como esa portadora del misterio de eros, la prueba definitiva de que él no puede amar. Y el no-amor es clausura, es el individuo, el ego masculino. Y el amor y la intimidad son todo lo contrario. Es apertura, éxtasis, posibilidad. 

-Starless dream

miércoles, 13 de mayo de 2026

El terror de ser humano.

El pensamiento de Bataille nos enfrenta de cara a aquello que no aceptamos, que no queremos aceptar, aquello que nos incomoda, que nos aterra. 

Recuerdo que en mis días de infancia, cuando sucedía una pelea entre compañeros, los adultos siempre recurrían a la misma pregunta retórica: "¡¿Acaso son animales?!" Y también los mismos argumentos para interpelar: "son gente racional, no deben pelarse a golpes". Hoy me parece obvio que debo afirmar ambas cosas: sí, sí somos animales; y sí, sí somos racionales...

Ser un animal racional no es un descubrimiento para nada nuevo, no obstante, Bataille me introduce a la sospecha ¿Y si nuestra racionalidad nunca será tal que pueda anular la violencia de manera definitiva? ¿Qué si por más que iluminemos nuestras conciencias nunca iluminaremos el fondo de nuestra conciencia? ¿Está acaso la sociedad condenada a la violencia y la crueldad?...

La sociedad en la que vivo le teme a la muerte y me ha enseñado a temerle; las personas que me criaron me enseñaron a no ser violento; las instituciones me convencieron de que he de combatir la violencia —y ciertamente les creo—. Estamos acostumbrados a qué lo humano es lo racional, bueno, y civilizado. Y décimos, por el contrario, que lo inhumano es lo pasional, malo y salvaje. Pero ¿Qué si la violencia y la crueldad es también una de las máximas expresiones de lo humano? Todos los crímenes inhumanos le pertenecen a la humanidad. 

La gente puede consolar su conciencia moral y decidir que el criminal es un humano que se ha "desviado", que sus facultades no funcionan bien, que el criminal es radicalmente distinto de la gente no criminal. 

Yo también me convenzo de que soy distinto del criminal. Pero al reflexionar con profundidad me doy cuenta de que, tan solo por el hecho de tener manos y pasiones, ya soy un criminal en potencia y creo que es cierta la frase "nada de lo humano me es ajeno", ni siquiera sus crímenes más atroces. Esa toma de conciencia es, a mí juicio, la que Bataille propone a todo aquel que lo lee.

A pesar de todo, la violencia no es unívoca, y el mismo Batalle lo reconoce, la violencia se expresa de distintas maneras y no todas ellas son brutales o crueles. Tal vez cabría pensar en sociedades donde la violencia es liberada de formas no crueles, no letales y de manera controlada. No obstante, esto supone la resolución de una contradicción que tal vez nunca podra llegar a suceder: La resolución final de nuestras pasiones y nuestra razón.

Si miro al televisor un día cualquiera y veo las noticias de violencia y crueldad,  descubro el terror de lo que he negado.

martes, 12 de mayo de 2026

Gaspar Noé y El erotismo de Bataille

Gaspar Noé y El erotismo de Bataille

Después de ver ciertas películas te quedas con una sensación extraña que solo podría acercarse al asco y al asco, sin duda un antónimo al placer. Es una gran incomodidad, un malestar que en ese momento no sabía explicar del todo. Eso fue lo que sentí la vez que vi la brutal Irreversible de Gaspar Noé y que tardé, primero, en procesar lo que había visto y, segundo, comprenderlo. No sabía ni siquiera como sentirme o qué pensar al respecto hasta que entro en escena El erotismo de Georges Bataille.

En esos momentos había entendido que lo que había sentido quizá fue una experiencia sagrada. ¿Es el cine de Gaspar Noé un acercamiento al erotismo? ¿Habrá leído a Bataille en algún momento? Encuentro relación entre lo que dice Bataille sobre que el erotismo no es sexualidad administrada, no es pornografía funcional, sino un impulso humano irreductible a la lógica de la eficacia y la producción. “El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”, escribe Bataille casi al comienzo, y esa frase contiene ya todo lo que necesitamos para entrar en el universo de Noé. Para que esa experiencia sea posible, Bataille insiste en la necesidad de una transgresión a la prohibición previa. No hay erotismo sin transgresión, no consiste en eliminar la barrera, sino en romperla sabiendo que sigue ahí. Esa tensión, la prohibición que permanece mientras se la franquea, es la que convierte el acto en algo sagrado. El mundo profano es el de la norma, el cálculo, el trabajo. Lo sagrado irrumpe cuando esa norma se suspende ritualmente, no cuando se destruye, así, el cine de Gaspar Noé opera exactamente en esa misma tensión ya que sus películas no muestran sexo solamente, muestran el sexo con muchas caras contra la norma que exige ocultarlo. No se vuelve un sinsentido de violencia, lleva al espectador al peso del límite y lo cruza. En Irreversible, la decisión de mantener el plano fijo durante nueve minutos interminables mientras la protagonista es violada no responde a un morbo gratuito. Es una forma de obligarnos a no desviar la mirada, a permanecer en la incomodidad que produce la transgresión de lo prohibido. Bataille dijo con precisión: lo sagrado no es solo lo puro y luminoso, es también lo abyecto, lo violento, aquello que la sociedad segrega para poder funcionar.

En Love, Noé da un paso más y filma lo que Bataille llamaría la intimidad de los cuerpos. No filma el sexo como espectáculo, sino como algo que se gasta. Los protagonistas no acumulan experiencias, no son más productivos ni más felices. Simplemente se derrochan. Se gastan el uno al otro. Y en ese derroche sin cálculo, el mundo de las obligaciones, el trabajo queda suspendido. La película muestra una intimidad a la vez explícita y vulnerable, donde los cuerpos se convierten en una pequeña fiesta privada. En Clímax, esa fiesta deriva en pesadilla, pero la lógica es la misma. Una comunidad de bailarines reunida para celebrar, es decir, para gastar energía y sin fin productivo, es decir, el fin se vuelve en no tener fin y se desborda cuando la sangría es drogada con LSD. La transgresión se vuelve incontrolable, y lo que empieza como coreografía gozosa acaba en violencia, paranoia y sexo desesperado. Noé muestra ahí el rostro más ambiguo de lo sagrado batailleano, la fiesta que deviene horror sin dejar de ser, en el fondo, la misma experiencia de gasto y pérdida. La voz que abre la escena central —“Dios está con nosotros”— no es irónica del todo. Hay en Noé una cualidad que lo aleja del erotismo blando y lo acerca a Bataille de forma muy íntima: la violencia. El sexo, en sus películas, casi nunca es tierno. Es torpe, brutal, desesperado. A veces es triste. Pero ahí también radica su potencia filosófica. Bataille insistió, contra las versiones edulcoradas del amor, que el erotismo verdadero siempre roza la muerte. No porque lleve a ella literalmente, sino porque disuelve al yo. Nos deja frente a “la transparencia del mundo”, frágiles y desnudos como al nacer. En el encuentro erótico desaparece la discontinuidad que nos protege de los otros y de nosotros mismos. Y el cine de Noé produce exactamente eso, una disolución, un vértigo, la experiencia del no-ser.

Las escenas explícitas de Love, filmadas en 3D, nos hace preguntarnos ¿estamos participando de una experiencia erótica o estamos consumiendo cuerpos? La película no responde, y en esa ambigüedad reside su fuerza debido a que nos obliga a ser conscientes de nuestra propia mirada. Bataille dice que la experiencia erótica no es esencialmente distinta de la experiencia mística ya que ambas son formas de regresar a lo continuo, de comunicarse con lo que está más allá de los límites del yo.

La sala de cine se transforma en el espacio ritual donde la transgresión puede ser vivida sin aniquilarnos del todo. El cine de Noé nos permite asomarnos al abismo sin caer del todo. O caer un poco, lo justo para volver transformados. Como en el sacrificio batailleano, la violencia es canalizada a través de un dispositivo —el ritual, la película— que la contiene y la libera al mismo tiempo. Bataille murió en 1962. No llegó a ver el cine de Noé, pero intuyó que las imágenes podían ser vehículos de lo sagrado.

El cine es, quizá, el arte más preparado para recoger esa herencia, porque trabaja con la misma materia que el erotismo. Y porque tiene la capacidad de suspendernos momentáneamente de la discontinuidad y sumergirnos en una experiencia que no persigue nada más que su propio instante. Al salir de una película de Noé uno no ha aprendido nada, no ha acumulado saber, pero algo se ha movido. Quizá esa oportunidad de gastar un par de horas sin producir nada, dejándonos tocar por lo que no se deja explicar del todo es experiencia batailleana. Me pregunto si el cine comercial actual permite algún espacio para esta experiencia de lo sagrado o si ha quedado reducido a un entretenimiento que nunca suspende la lógica del consumo. Me pregunto también si hay otras películas o directores que logren algo parecido. 

Logika: Mininovelas para botanear_Como Ser Humano

Ala corta edad de 18 años pasados, empezaba a ser amante del misterio, y de las peculiaridades de este, de lo que lo envuelve y fabula, de l...