miércoles, 13 de mayo de 2026

El terror de ser humano.

El pensamiento de Bataille nos enfrenta de cara a aquello que no aceptamos, que no queremos aceptar, aquello que nos incomoda, que nos aterra. 

Recuerdo que en mis días de infancia, cuando sucedía una pelea entre compañeros, los adultos siempre recurrían a la misma pregunta retórica: "¡¿Acaso son animales?!" Y también los mismos argumentos para interpelar: "son gente racional, no deben pelarse a golpes". Hoy me parece obvio que debo afirmar ambas cosas: sí, sí somos animales; y sí, sí somos racionales...

Ser un animal racional no es un descubrimiento para nada nuevo, no obstante, Bataille me introduce a la sospecha ¿Y si nuestra racionalidad nunca será tal que pueda anular la violencia de manera definitiva? ¿Qué si por más que iluminemos nuestras conciencias nunca iluminaremos el fondo de nuestra conciencia? ¿Está acaso la sociedad condenada a la violencia y la crueldad?...

La sociedad en la que vivo le teme a la muerte y me ha enseñado a temerle; las personas que me criaron me enseñaron a no ser violento; las instituciones me convencieron de que he de combatir la violencia —y ciertamente les creo—. Estamos acostumbrados a qué lo humano es lo racional, bueno, y civilizado. Y décimos, por el contrario, que lo inhumano es lo pasional, malo y salvaje. Pero ¿Qué si la violencia y la crueldad es también una de las máximas expresiones de lo humano? Todos los crímenes inhumanos le pertenecen a la humanidad. 

La gente puede consolar su conciencia moral y decidir que el criminal es un humano que se ha "desviado", que sus facultades no funcionan bien, que el criminal es radicalmente distinto de la gente no criminal. 

Yo también me convenzo de que soy distinto del criminal. Pero al reflexionar con profundidad me doy cuenta de que, tan solo por el hecho de tener manos y pasiones, ya soy un criminal en potencia y creo que es cierta la frase "nada de lo humano me es ajeno", ni siquiera sus crímenes más atroces. Esa toma de conciencia es, a mí juicio, la que Bataille propone a todo aquel que lo lee.

A pesar de todo, la violencia no es unívoca, y el mismo Batalle lo reconoce, la violencia se expresa de distintas maneras y no todas ellas son brutales o crueles. Tal vez cabría pensar en sociedades donde la violencia es liberada de formas no crueles, no letales y de manera controlada. No obstante, esto supone la resolución de una contradicción que tal vez nunca podra llegar a suceder: La resolución final de nuestras pasiones y nuestra razón.

Si miro al televisor un día cualquiera y veo las noticias de violencia y crueldad,  descubro el terror de lo que he negado.

martes, 12 de mayo de 2026

Gaspar Noé y El erotismo de Bataille

Gaspar Noé y El erotismo de Bataille

Después de ver ciertas películas te quedas con una sensación extraña que solo podría acercarse al asco y al asco, sin duda un antónimo al placer. Es una gran incomodidad, un malestar que en ese momento no sabía explicar del todo. Eso fue lo que sentí la vez que vi la brutal Irreversible de Gaspar Noé y que tardé, primero, en procesar lo que había visto y, segundo, comprenderlo. No sabía ni siquiera como sentirme o qué pensar al respecto hasta que entro en escena El erotismo de Georges Bataille.

En esos momentos había entendido que lo que había sentido quizá fue una experiencia sagrada. ¿Es el cine de Gaspar Noé un acercamiento al erotismo? ¿Habrá leído a Bataille en algún momento? Encuentro relación entre lo que dice Bataille sobre que el erotismo no es sexualidad administrada, no es pornografía funcional, sino un impulso humano irreductible a la lógica de la eficacia y la producción. “El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”, escribe Bataille casi al comienzo, y esa frase contiene ya todo lo que necesitamos para entrar en el universo de Noé. Para que esa experiencia sea posible, Bataille insiste en la necesidad de una transgresión a la prohibición previa. No hay erotismo sin transgresión, no consiste en eliminar la barrera, sino en romperla sabiendo que sigue ahí. Esa tensión, la prohibición que permanece mientras se la franquea, es la que convierte el acto en algo sagrado. El mundo profano es el de la norma, el cálculo, el trabajo. Lo sagrado irrumpe cuando esa norma se suspende ritualmente, no cuando se destruye, así, el cine de Gaspar Noé opera exactamente en esa misma tensión ya que sus películas no muestran sexo solamente, muestran el sexo con muchas caras contra la norma que exige ocultarlo. No se vuelve un sinsentido de violencia, lleva al espectador al peso del límite y lo cruza. En Irreversible, la decisión de mantener el plano fijo durante nueve minutos interminables mientras la protagonista es violada no responde a un morbo gratuito. Es una forma de obligarnos a no desviar la mirada, a permanecer en la incomodidad que produce la transgresión de lo prohibido. Bataille dijo con precisión: lo sagrado no es solo lo puro y luminoso, es también lo abyecto, lo violento, aquello que la sociedad segrega para poder funcionar.

En Love, Noé da un paso más y filma lo que Bataille llamaría la intimidad de los cuerpos. No filma el sexo como espectáculo, sino como algo que se gasta. Los protagonistas no acumulan experiencias, no son más productivos ni más felices. Simplemente se derrochan. Se gastan el uno al otro. Y en ese derroche sin cálculo, el mundo de las obligaciones, el trabajo queda suspendido. La película muestra una intimidad a la vez explícita y vulnerable, donde los cuerpos se convierten en una pequeña fiesta privada. En Clímax, esa fiesta deriva en pesadilla, pero la lógica es la misma. Una comunidad de bailarines reunida para celebrar, es decir, para gastar energía y sin fin productivo, es decir, el fin se vuelve en no tener fin y se desborda cuando la sangría es drogada con LSD. La transgresión se vuelve incontrolable, y lo que empieza como coreografía gozosa acaba en violencia, paranoia y sexo desesperado. Noé muestra ahí el rostro más ambiguo de lo sagrado batailleano, la fiesta que deviene horror sin dejar de ser, en el fondo, la misma experiencia de gasto y pérdida. La voz que abre la escena central —“Dios está con nosotros”— no es irónica del todo. Hay en Noé una cualidad que lo aleja del erotismo blando y lo acerca a Bataille de forma muy íntima: la violencia. El sexo, en sus películas, casi nunca es tierno. Es torpe, brutal, desesperado. A veces es triste. Pero ahí también radica su potencia filosófica. Bataille insistió, contra las versiones edulcoradas del amor, que el erotismo verdadero siempre roza la muerte. No porque lleve a ella literalmente, sino porque disuelve al yo. Nos deja frente a “la transparencia del mundo”, frágiles y desnudos como al nacer. En el encuentro erótico desaparece la discontinuidad que nos protege de los otros y de nosotros mismos. Y el cine de Noé produce exactamente eso, una disolución, un vértigo, la experiencia del no-ser.

Las escenas explícitas de Love, filmadas en 3D, nos hace preguntarnos ¿estamos participando de una experiencia erótica o estamos consumiendo cuerpos? La película no responde, y en esa ambigüedad reside su fuerza debido a que nos obliga a ser conscientes de nuestra propia mirada. Bataille dice que la experiencia erótica no es esencialmente distinta de la experiencia mística ya que ambas son formas de regresar a lo continuo, de comunicarse con lo que está más allá de los límites del yo.

La sala de cine se transforma en el espacio ritual donde la transgresión puede ser vivida sin aniquilarnos del todo. El cine de Noé nos permite asomarnos al abismo sin caer del todo. O caer un poco, lo justo para volver transformados. Como en el sacrificio batailleano, la violencia es canalizada a través de un dispositivo —el ritual, la película— que la contiene y la libera al mismo tiempo. Bataille murió en 1962. No llegó a ver el cine de Noé, pero intuyó que las imágenes podían ser vehículos de lo sagrado.

El cine es, quizá, el arte más preparado para recoger esa herencia, porque trabaja con la misma materia que el erotismo. Y porque tiene la capacidad de suspendernos momentáneamente de la discontinuidad y sumergirnos en una experiencia que no persigue nada más que su propio instante. Al salir de una película de Noé uno no ha aprendido nada, no ha acumulado saber, pero algo se ha movido. Quizá esa oportunidad de gastar un par de horas sin producir nada, dejándonos tocar por lo que no se deja explicar del todo es experiencia batailleana. Me pregunto si el cine comercial actual permite algún espacio para esta experiencia de lo sagrado o si ha quedado reducido a un entretenimiento que nunca suspende la lógica del consumo. Me pregunto también si hay otras películas o directores que logren algo parecido. 

martes, 28 de abril de 2026

Pensar sin cabeza: Bataille y su rebelión contra la razón.

Uno de los rasgos más llamativos que envuelven a Georges Bataille es su intento de cuestionar el lugar que ocupa la razón en la tradicion filosófica occidental, ya que a diferencia de otras corrientes filosóficas que buscan ordenar el mundo a través de conceptos claros y un sistemas coherente, es Bataille quien se interesa por aquello que elude este orden: como lo excesivo, lo irracional y todas aquellas experiencias que no pueden ser completamente captadas por el pensamiento.

Acéphale, termino que significa ¨sin cabeza¨, es un claro ejemplo representativo de dicha postura; la figura de un cuerpo decapitado funcionaba como un símbolo critico frente a la creencia de que la razón, simbolizada por la cabeza, deba dirigir completamente la vida humana, pues es para Bataille que la existencia humana incluye tambien fuerzas que no pueden explicarse  solo desde la razón: tal como el deseo, lo sagrado, la violencia, el sacrificio o el exceso.

Podemos ver dicha postura en textos como ¨El ojo pineal¨, donde  en vez de dar un discurso académico y sistemático, Bataille desarrolla cierta forma de escritura que combina la reflexión filosófica con imágenes poco usuales y provocativas con el objetivo no solo de escandalizar, sino mostrar que hay aspectos de la experiencia humana que dificilmente pueden expresarse dentro de los limites del lenguaje filosofico clásico.

La obra de Bataille busca explorar hasta donde puede llegar el pensamiento cuando es enfrentado a sus propios limites; Bataille se sitúa entre la reflexión filosofica, la literatura y la critica cultural, y es por ello creo que su propuesta aun continua siendo conocida como perturbadora, pues nos invita a cuestionarnos si la razón por si misma es realmente capaz de comprender toda la complejidad de la experiencia humana.

¿Porque nos atrae el Fascismo? El Fascismo en Georges Bataille.

En sus escritos publicados en ¨La critique sociale¨, Bataille plantea una forma diferente de abordar el fascismo, buscando entender las razones de su poder de atracción en las sociedades en vez analizarlo unicamente como un fenómeno político o económico; para ello aborda un nuevo enfoque: pues no basta con explicar su estructura, sino que es necesario cuestionar las motivaciones que impulsan a las personas a involucrarse en él.

En ¨La estructura psicológica del fascismo¨ Bataille explica que el fascismo no se sostiene unicamente por ideas, sino tambien por emociones intensas y colectivas como: miedo, admiración, fascinación, pertenencia, obediencia, que conducen a una fuerte conexión con un líder, que es visto como alguien que representa al grupo y en quien se concentran dichas emociones colectivas; esto significa que la adhesión al fascismo no puede ser entendida por completo desde la racionalidad, ya que las masas no siguen estos regímenes únicamente por decisiones lógicas, sino por una mezcla de emociones, deseos y necesidades de pertenencia con la que se vinculan a la figura de un lider que no actúa solo como un representante político, sino como un medio donde se concentran distintos afectos como la admiración, miedo, obediencia e incluso fascinación.

Otra interpretación que amplia esta interpretación en el pensamiento de Bataille, es que 
la violencia, la jerarquía y la exclusión no operan únicamente como mecanismos de control, sino también como elementos que fortalecen esa cohesión colectiva, lo que nos deduce a la idea de que la vida humana no puede explicarse únicamente desde la lógica de la utilidad o la razón, pues existen dimensiones de la experiencia como el exceso, el sacrificio o lo sagrado que influyen de manera decisiva en la forma en que los individuos se relacionan.

Desde esta perspectiva, el fascismo no puede entenderse unicamente como un fenómeno político externo, sino como una posibilidad que forma parte de la propia condición humana, que implica aceptar que las sociedades no se rigen exclusivamente por la razón, sino también por impulsos que pueden conducirlas hacia formas extremas de organización, y creo que es en este sentido que la reflexión de Bataille no pretende justificar el fascismo, sino hacer más compleja su comprensión, exhortándonos a cuestionar la idea de que la racionalidad, por si sola, es suficiente para evitar estos fenómenos, ya que si el fascismo moviliza afectos y deseos, para enfrentarlo tambien necesitamos atender esas dimensiones.

¿Hasta qué punto nuestras decisiones políticas están guiadas por la razón y no por emociones o deseos de pertenencia?

domingo, 26 de abril de 2026

Sobre la interioridad del erotismo

 

Una de las primeras estrategias argumentativas de Bataille en “El erotismo” es resituar su acontecer como experiencia fenoménica, negando su habitual comprensión de individuos deseantes de objetos exteriores. Esto para explicar el fenómeno erótico como experiencia subjetiva y debilitar la comprensión objetiva.

La primera caracterización de la experiencia erótica es la pérdida. Como en aquella ilustradora imagen presentada en la introducción del texto; análogamente al organismo unicelular, abandonamos nuestra discontinuidad y perdemos nuestro propio “yo”. Este movimiento es naturalmente violento, en este contexto, la misión que se plantea Bataille es la de comunicar su “experiencia interior” como elemento indispensable para entender o vivir religiosamente el erotismo.

La consideración que haré sobre las ideas de Bataille, tiene que ver con balancear y analizar las razones para situar el erotismo más allá del objetivismo científico. Según la concepción batailleana de erotismo, los elementos que están en juego en el acontecer de este suceso tienen que ver con la conciencia de la muerte, la dinámica de movimientos de prohibición y transgresión e incluso tensiones contradictorias como la angustia y el placer del pecado, es en palabras de Bataille, “un movimiento del ser en nosotros mismos”.

¿Por qué conceder a Bataille esta estructura?

A pesar de que hay elementos de la vida sexual humana que podemos esforzarnos por describir y entender como haríamos tradicionalmente con cualquier fenómeno, Bataille introduce varias consideraciones que hacen de su “erotismo” algo más abstracto y abarcante que lo que inicial e ingenuamente quisiéramos etiquetar como “sexualidad”. Esta es en realidad solo uno de los tres tipos de erotismo que Bataille describe, sin embargo, aquí este concepto está emparentado con la religión. No ha de sorprendernos la abundancia de verbos psicológicos con las que Bataille introduce conclusiones, el erotismo sagrado es análogo al misterio, parece ser incomunicable y solo admite experimentarse.

La transgresión aquí es constitutiva del erotismo, en la medida en que el individuo reconoce la prohibición y decide transgredir, hay efectivamente erotismo. La violencia no puede manifestarse libremente en nosotros, somos frenados por la prohibición. La prohibición también es descrita de forma poco habitual, es parte de la subjetividad, es representada sensiblemente mediante la angustia y el goce, el experimentar la transgresión es inicialmente un momento de angustia, de estar suspendido al cruzar el límite, pero finalmente un goce y un placer. Es un desgarramiento, un fragmentarse continuamente de la conciencia.

En esa medida, podemos reconciliar la pretensión del autor con nuestras intuiciones e ideas, generalmente opuestas y dirigidas a escenarios contrarios. La construcción de Bataille es más ambiciosa y amplia que los conceptos con los que podemos comunicar.

¿Hay salvación acaso?

Meritocracia, uno de los grandes mitos bajo los cuales se ha edificado el aparato social: "trabaja y conseguirás lo que deseas". Pero ¿Hasta cuándo, cuánto tiempo más, cuántas vidas más necesita el hombre para por fin, después de trabajar pueda vivir, vivir sin trabajar? "Trabaja y conseguirás lo que deseas", pero y si lo que se desea es esto mismo, disfrutar de la vida plena sin necesidad de verse esclavizado a las cosas: el gobierno, Dios, la familia, el futuro. Vivir no más que en la intimidad del instante. El más húmedo de los sueños del hombre. Quizá se necesita más de una vida para poder apreciar la vida; quizá se necesita más tiempo para disponer de tiempo libre, libre de producción; quizá necesito ansiar más el trabajo para un día despertar sin la necesidad de trabajar; necesidad, más que el agua y el aire, más que el sueño y la comida, quizá la pirámide de Maslow está equivocada, la necesidad más primaria para el hombre contemporáneo es el trabajo. ¿No es todo esto contradictorio, no acaso hay algo mal con la normativa del trabajo contemporáneo, no hay algo incluso nocivo en el pensamiento: "Vivir para trabajar y trabajar para vivir"?

El ocio, el descanso y el tiempo libre ya se han perdido, incluso más que el santo grial, más que el arca de Noé o los textos antiguos que la Alejandría perdió al arder. Se ha perdido la inutilidad del descanso, hoy en día incluso el descanso debe ser productivo y útil. Pues no acaso el trabajo y la utilidad nos brindan algo que el descanso no, no acaso trabajar es similar a ser algo. "Ser algo" ya sea una cosa o un sujeto, una herramienta o aquel que porta la herramienta, que de hecho ¿No acaso son lo mismo, no acaso el hombre se convierte en herramienta en la medida en que es útil, no acaso el hombre ya es ajeno al hombre mismo? pero algo así incluso vale más que ser un holgazán, un flojo o un desempleado. El trabajo nos proporciona realidad, nos proporciona ser. ¿Será que somos en la medida en que tenemos trabajo, en que somos útiles? Al día de hoy el holgazán es un mito, un cuento de terror para asustar al trabajador antes de dormir (sí es que puede). El holgazán no existe en la sociedad, ¿Quién de aquí puede estar orgulloso de no vivir anclado a un trabajo, quién de aquí puede gritar que vive? Ser holgazán es peor que ser un asesino.


¿Acaso existe salvación alguna para el trabajador, más allá de la que ofrece la religión al morir, acaso el trabajador necesita morir para ser salvado, acaso el trabajador debe renunciar a su vida para salvar su vida? Suena incómodo e incluso arriesgado que haya que morir, ¿Qué más hay?... El arte y el erotismo ¿no guardan acaso estas dos en su interior algo que renuncia y niega el trabajo; no acaso el arte y el erotismo son fuerzas de desgaste que nos conducen casi al desfallecimiento; quién en el éxtasis de la consumación carnal no ha sentido la misma falta de aliento que uno experimenta cuando presencia una imagen o escucha una melodía o recita un poema? El arte como el erotismo nos hacen desfallecer porque en ellos de algún modo recuperamos la inmanencia y abandonamos nuestra condición de herramienta, de sujeto que se concibe a sí mismo como una gota de agua fuera del agua. El arte así como lo erótico guardan una propiedad mística, pues ¿no acaso hacer arte o ser participe del desenfreno erótico es de algún modo sacrificar nuestra integridad de sujeto; no es acaso con violencia el cómo arrancamos de nosotros mismos toda moral y normativa del trabajo; no acaso éstas dos así nos asesinen, mutilen y desoyen nos afirman algo que el lujo, el paraíso y la organización del trabajo, la religión o el estado jamás podrán concebir, y qué es esto? La vida misma, y aún cuándo permanezcamos más tiempo trabajando que descansando, aún cuando seamos más herramienta que otra cosa, con concebir un minuto de clímax artístico o erótico, habremos recuperado nuestra fascinación por la vida.


miércoles, 22 de abril de 2026

Fragmento de la LógiKa: Necrofilia Enamorada fragmentos III, IV, VI

 Quedaron de verse a las 7 de la tarde, Lilith estaba en su clase de ballet y de ahí regresarían a la casa de Lucio, él pasaría por ella a la escuela, y aunque no hubiera muchas palabras entre ambos, la tarde estaba acordada para aquellas dos almas enamoradas, talvez este momento llegó desde la primera vez que se vieron en aquella fiesta. Ella no sabía qué era lo que tenía Lucio, pero al entablar contacto, sabía tácitamente que sería quien la poseería por primera vez, Después de 17 años de castidad e inocencia física y espiritual, el tiempo para hacerlo los asaltó a ambos sin misericordia. Lilith por su parte tuvo algunos cuantos días dónde sentía culpa, algún que otro remordimiento a su madre, y todos aquellos pensamientos que nublan el juicio y la hacían pensar en algunas barbaridades a la hora de comer o cuando estaba en el baño. Por aquellos días, Lilith tuvo su primer sueño erótico, esto generando cierto desconcierto en ella, pues lo extraño radico en que no soñó con Lucio como sería acordé con todas esas fantasías medievales, si no que había soñado con su amiga Luzbel. 

¿Cómo era posible que a través de aquel florecimiento tan repentino su deseo no fuera su amante sino su mejor amiga? Algo indebido que la hacía avanzar nuevamente a un sentimiento de culpa y desaseo, un sentimiento aún incomprendido que aceleraba su sentir, y que le aligeraba los primeros pensamientos eróticos, a la par estos también se fueron desvaneciendo en una bruma de calidez e irresponsabilidad. 

Para Lucio todo esto fue diferente, claro también hubo ese impulso sexual desde el primer día que se conocieron, como si de animales se tratase, él pensaba todo el tiempo en tener relaciones con ella, lo pensaba en la tarde, en la noche, en la mañana, y algo si era definitivo, en él no existía un sentimiento de culpa, ni estaba en una especie de florecer y sin duda, el en diferencia sentía lo mismo con cualquier mujer que trataba.

De camino a su casa, Lucio fue nombrando cada cosa que le gustaba de Lilith, lo primero fue la palidez de su piel, un blanco uniforme que le daba aspecto de estatua de panteón, como de mármol sólido.

—"DaVinci te pudo haber inventado y pintado como su musa", le dijo Lucio fingiendo elocuencia.

—"DaVinci me inventó en una de sus noches de enfermedad desquiciante", le contestó ella sonriendo.

Probablemente Lucio, después de aquella interacción algo vaga, empezó a generar una especie de afecto sobre el deseo, algo que la hacía diferente, como si tuviera en un hechizo que al conjurar su nombre le hiciera sentir un placer distinto. Supo bastante bien que era amor, pero no que tipo de amor, más esto no era razón para preocuparse pues Lucio, además de sentirlo, ya le había dicho a diez mujeres distintas que las amaba.

Dieron las siete y media, y su plática se tornaba algo ambigua y evasiva, hasta que l
legaron a su casa, dónde sin pudor ella preguntó:

—¿Quién es ella? 

—Es Lupita la del aseo y esas cosas

—Creí que no habría nadie.

—Pues yo también, trate de darle el día libre pero no sé lo quiso tomar.

Lilith lo vio con una evidente cara de indeterminación e inseguridad, como si bajo su estatua viva se llevará el nombre de "Incógnita" sobre su pedestal.

—No la armes de tos, pinche Lilith. Respondió Lucio abrumado. 

Ya que Lupita, desde el umbral parecía más un alebrije mítico que esperaba la llegada de su señor para darle la bienvenida, a la clara muestra del imperialismo construido en la casa de sus padres. Lupita con una extravagancia anormal sonreía descaradamente que sobre sus dientes parecía brillar un especial dominio sobre la situación. Lucio y Lilith la vieron a lo lejos y los dos simularon tranquilidad, cuando bajaron del coche, se tomaron de la manos, y Lució la llevó como primer destino, al Mausoleo familiar donde había organizado su fiesta donde se conocieron, "Vaya desmadre hay" pensó Lucio recordando la semejante pachanga que tuvo, viendo la cara solidificada de Lilith, recordando el aleteo incesante del alebrije de la entrada de su casa y viendo un letrero imaginario de Motel que parpadea tintineando, sobre la entrada de la capilla.

—¿A dónde vamos si tu casa está allá afuera? Le pregunto con voz apagada Lilith

—Quiero que conozcas a mi exprima; le respondió Lucio

Cuando entraron al sepulcro se toparon de frente con las todavía botellas de la fiesta de la semana pasada, además de algunos cristales y colillas dispersas por todas partes, mirando e ignorándolas se sentaron en la plataforma que quedaba frente a la puerta y hubo un gran silencio reposado ligero y tranquilizador un silencio que tenía demasiado que ver con la cercanía a la muerte. Bajo la luz blanquecina de los focos industriales ella se veía aún más pálida aún más sólida que el mármol, y esa apariencia anémica enfermiza provocaba que Lucio pensara que estaba dentro de uno de sus grandes sueños eróticos, donde ya no era necesario mencionar ningún nombre, Lilith lo vio dejando caerse sobre su costado y entonces lo supo, ella se empezó a arreglar el pelo, se quitó la red y se deshizo el chongo, su pelo se le desenvolvió lentamente en una caída giratoria, ella le sonreía, parpadeaba con suavidad y lo miró a los ojos con una inocencia inaudita. Lucio no podía creer lo real de la situación, una especie de frenesí en la piel lo hizo levantar sus manos hacia aquel cuello de mármol y dejó caer el suéter de sus hombros bajo el leotardo rosa de su cuerpo, cada línea de sus cuerpos parecía haber sido esculpida a conciencia, y sin saber bien lo que hacían empezaron a acariciarse, descubriendo por completo sus hombros, Lucio mordió ligeramente su piel blanquecina y contradictoriamente Lilith sentía remordimiento a futuro por tener su primera relación en un mausoleo de alguien que ni era su pariente, en aquel un lugar de muerte y que al mismo tiempo la hacía sentir una excitación irreprimible.

Ambas cosas enfrentadas bajo una misma premisa inicial, un lugar de muerte, de reposo para los que ya no están, a lo mejor Freud se hubiera vuelto loco con semejante espectáculo, la muerte, el coito, la sobreprotección de la madre de Lucio, el sueño erótico con su amiga su mejor amiga, el libido de ambos despertados y depositados en un mismo tubo de ensayo que relampaguea y cambia de matices con truenos, suele pasar que la historia de los enamorados es la convergencia de dos acueductos donde surgen y alguien seguramente se ahoga como todo romance medieval. Pero ellos sin haberse quitado un gramo de ropa empezaron el ritual, el movimiento rítmico empezó como cuando se mece una cuna, frotando los cuerpos para calentarlos como en la Física, Lilith quedó sentada al borde de la plataforma y Lucio la agarró sobre sus nalgas y se empujaba contra ella al estilo de una embestida, chocando los cuerpos mientras se besaban desenfrenadamente,  los suspiros chocaban contra las paredes, había gemidos y se escuchaban repentinamente un complaciente eco, un vaivén de voces parecido al de los baños de vapor. 

—Lucio, espera, hay que apagar la luz, porfa, me gustaría que esto fuera a oscuras.

Lucio embrutecido, emergió desde la profundidad de sus senos y volteó a ver la lámpara con el foco industrial con desprecio, vio su parpadeo de centenares de veces y escuchando el frustrante zumbar de la luz recordó en sí mismo que seguían en aquel mausoleo y fue que volteo a ver la grieta gigante en el suelo. 

—Vaya qué carajo está peligrosísimo lo de esta grieta, dijo Lucio resoplando discretamente. —Ya lo sé, contestó Lilith, mientras se quitaba partes de su atuendo de ballet dejando al descubierto su piel.

—Prende unas veladoras del santuario de tu exprima para que podamos ver, aunque sea un poco. 

Menudo Surrealismo puro, que aquello implicaba un inminente falta de respeto hacia la exprima difunta Lilith por un momento empezó con un remordimiento ligero, pero lo erótico del momento no tuvo inflexión y terminando de quitarse todas las prendas, volteaba a ver a Lucio caminando cuidadosamente hasta la bóveda donde se atesoraba la difunta exprima, entonces sacó el encendedor del nicho donde se encontraban algunas flores marchitas y prendió una veladora, acto después se dirigió a la puerta principal la cerró y oprimió el apagador. Vacío y una funesta llama se esparció por el lugar bajo la luz de la vela, está por naturaleza emitía una luz cálida y hacía que la piel de Lilith se volviera más cálida un poco más receptora, un poco más acogible, Lució al ver de frente aquella musa al ras natural como Dios nos trae al mundo, fue atravesado por una excitación inmensa e inconfesable como una lanza que se pone más rígida, lo que generó en él, el más profundo error de novato, ya que al estar de frente en un éxtasis de calentura Lucio sin más ni más a la calentura del momento trató de quitarse los pantalones sin antes quitarse los zapatos un gran acto de nerviosismo y de des profesionalismo, por qué pensaría que era buena idea quitárselos él solo, porque no pedir ayuda, y justo en la entrada del sepulcro, justo antes de tomar y entregarse a la carne y a los antebrazos de Lilith para penetrar en ella.

Tras unas cuantas risas de los dos rebotando en las paredes y unos cuantos brincoteos de Lucio sobre su pierna derecha con los pantalones abajo, hasta la altura de los tobillos, la tarde que habían imaginado desde el primer momento que se vieron terminó en un grito de horror y un cuerpo desplomándose dentro de la grieta enorme. 

A lo largo de la semana, la noticia de la muerte de Lucio recorrió todo el pueblo, en la escuela maestros y amistades sufrieron y vivieron un día triste y lento, en esa especie de solemnidad de rito pueblerino. Las personas parecen estar en un shock tan repentino de que una persona joven muera, nadie parecía creer la noticia, eso y las madres y tías que charloteaban a escondidas y comentaban las opiniones más sacadas de tema, la noticia llego a los oídos de los padres de Lucio, que habían regresado de su viaje de negocios y que poquito a poquito iban desenmarañando la tragedia de su hijo, que si montaron una fiesta la semana anterior, y las múltiples quejas de los vecinos malhumorados por el tumulto de botellas por la calle, de las múltiples escapadas de Paquita con el lechero y finalmente a la desvergonzada Lilith. La madre, sin decir nada, echó a llorar de una manera muda, sin decir una sola palabra, solamente lágrimas y humedad sobre su rostro, se tomó con ligereza algunos somníferos y un buen vino blanco, el padre se tomaba de la frente en duelo de todo lo sucedido agachaba la cabeza como síntoma de desesperación y cerraba los ojos en un intento de no llorar, se dio bondadosamente unas palmadas de respiro y le dijo a su esposa; 
—Mujer, a lo mejor deberías checar la relación de control con tu madre en un psicólogo. 
Para entonces la madre, ya dormitaba de pie a lo largo del cadáver de su hijo. 
Por otro lado, Lilith ya tenía 3 días sin salir de su habitación, no había vuelto a ver a nadie después de ese día, Lilith no quiso salir nunca de su cuarto de nuevo, como si el fantasma de Lucio la asechara para tener una eterna melancolía y no tener fuerzas, con mucha lentitud y sin gana aceptaba la comida que su madre le ofrecía, comida que no comía y dejaba podrirse en la puerta de su cuarto, mientras ella en una esquina lejana y oscura, recordaba una y otra vez el encabezado de un periódico amarillista que decía: 
EXPRIMEME EL JUGO, JOVEN CALENTURIENTO SE DESNUCO AL CAER EN SU PROPIA TUMBA. 

El terror de ser humano.

El pensamiento de Bataille nos enfrenta de cara a aquello que no aceptamos, que no queremos aceptar, aquello que nos incomoda, que nos aterr...