miércoles, 10 de diciembre de 2025

Bataille: La parte maldita y el exceso contra la utilidad

«L'Exubérance est Beauté». William Blake.

    Con esta cita Bataille abre La parte maldita, obra en la que el pensador francés propone un proyecto que va en contra de la economía clásica y capitalista, pero también de gran parte de la historia de la filosofía. Que la exuberancia sea la belleza

    Para Bataille, en la naturaleza hay un exceso de energía. Y proviene del sol. El sol, como figura, expresa un espíritu que se mantendrá en el pensamiento de Bataille, pues este astro se caracteriza por brindar un exceso de energía, un derroche sin recibir nada a cambio.

“La fuente y la esencia de nuestra riqueza se encuentra en la radiación del sol, la cual dispensa energía -riqueza- sin contrapartida. El sol da sin recibir; los hombres se dieron cuenta de esto mucho antes de que la astrofísica midiera esta prodigalidad incesante, ya que veían cómo el sol madura las ·cosechas y unían el esplendor que lo caracteriza al gesto de quien da sin recibir”[1].

    Esta forma de actuar del sol es la exuberancia, y la exuberancia es siempre contraria a la utilidad.  “Calculamos nuestros intereses, pero esta situación nos desarma debido a que el nombre mismo de interés es contradictorio con el deseo que está en juego en estas condiciones”[2].

    La exuberancia de energía lleva al exceso, pero siendo que el mundo es limitado, el excedente de energía debe desembocar de alguna manera, cuando los organismos han llegado al límite de su crecimiento. Para que algunos organismos crezcan, otros tienen que morir, ser destruidos. El exceso de energía conlleva a sus procesos de liberación, de equilibramiento de energías, y estos procesos son la dilapidación, la muerte y la actividad sexual, o el erotismo. Y este consumo del excedente no es más que un lujo. Las plantas en su extensión, los animales e insectos en su evolución, no son otra cosa que el lujo realizado sobre la tierra. Y el hombre, estando a merced de la cadena solar, no es sino otro ser participe de este lujo. Y no es sólo que participemos, sino que provenimos de este movimiento de dilapidación, La destrucción, la aniquilación llevada al extremo posible por la energía orgánica es lo que nos da lugar. Escribe Bataille: “el lujo de la muerte, en este sentido, es considerado por nosotros de la misma forma que el de la sexualidad, es decir, en principio, como una negación de nosotros mismos, y después como la verdad. profunda del movimiento del cual la vida es la exposición”[3].

    Pero la economía cósmica se opone a la economía utilitaria. Las condiciones actuales de vida y de producción se oponen contundentemente a una economía solar de lujo, excedente, despilfarro de energía sin retribución. La libertad se ha adecuado a una noción de justicia disminuida de una concepción que pueda trastocar el orden, pues la justicia entra todavía en el orden de lo útil. De esta forma, la libertad es una garantía contra el riesgo de servidumbre, no una voluntad de asumir riesgos sin los cuales no hay libertad. El crecimiento útil del capital y el movimiento de muerte de la tecnociencia del siglo XX y XXI se oponen del todo a la dilapidación solar. Aquella, aparece ahora como maldición, por eso Bataille habla de una parte maldita. Pero surge la cuestión de cómo es que tenemos que abordar esta noción de gasto, y sobre todo, cómo participar de la dilapidación.



[1] Georges Bataille, La parte maldita. 64

[2] La parte maldita, 66.

[3] La parte maldita, 70.

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