«L'Exubérance
est Beauté». William Blake.
Con esta cita
Bataille abre La parte maldita, obra en la que el pensador francés propone un
proyecto que va en contra de la economía clásica y capitalista, pero también de
gran parte de la historia de la filosofía. Que la exuberancia sea la belleza
Para Bataille,
en la naturaleza hay un exceso de energía. Y proviene del sol. El sol, como
figura, expresa un espíritu que se mantendrá en el pensamiento de Bataille,
pues este astro se caracteriza por brindar un exceso de energía, un derroche
sin recibir nada a cambio.
“La fuente y la esencia de nuestra riqueza se
encuentra en la radiación del sol, la cual dispensa energía -riqueza- sin
contrapartida. El sol da sin recibir; los hombres se dieron cuenta de esto
mucho antes de que la astrofísica midiera esta prodigalidad incesante, ya que
veían cómo el sol madura las ·cosechas y unían el esplendor que lo caracteriza
al gesto de quien da sin recibir”[1].
Esta forma de actuar del sol es la
exuberancia, y la exuberancia es siempre contraria a la utilidad. “Calculamos nuestros intereses, pero esta situación
nos desarma debido a que el nombre mismo de interés es contradictorio con el
deseo que está en juego en estas condiciones”[2].
La exuberancia
de energía lleva al exceso, pero siendo que el mundo es limitado, el excedente
de energía debe desembocar de alguna manera, cuando los organismos han llegado
al límite de su crecimiento. Para que algunos organismos crezcan, otros tienen
que morir, ser destruidos. El exceso de energía conlleva a sus procesos de
liberación, de equilibramiento de energías, y estos procesos son la dilapidación,
la muerte y la actividad sexual, o el erotismo. Y este consumo del excedente no
es más que un lujo. Las plantas en su extensión, los animales e insectos en su
evolución, no son otra cosa que el lujo realizado sobre la tierra. Y el hombre,
estando a merced de la cadena solar, no es sino otro ser participe de este lujo.
Y no es sólo que participemos, sino que provenimos de este movimiento de dilapidación,
La destrucción, la aniquilación llevada al extremo posible por la energía orgánica
es lo que nos da lugar. Escribe Bataille: “el lujo de la muerte, en este
sentido, es considerado por nosotros de la misma forma que el de la sexualidad,
es decir, en principio, como una negación de nosotros mismos, y después como la
verdad. profunda del movimiento del cual la vida es la exposición”[3].
Pero la economía
cósmica se opone a la economía utilitaria. Las condiciones actuales de vida y
de producción se oponen contundentemente a una economía solar de lujo,
excedente, despilfarro de energía sin retribución. La libertad se ha adecuado a
una noción de justicia disminuida de una concepción que pueda trastocar
el orden, pues la justicia entra todavía en el orden de lo útil. De esta forma,
la libertad es una garantía contra el riesgo de servidumbre, no una voluntad de
asumir riesgos sin los cuales no hay libertad. El crecimiento útil del capital y
el movimiento de muerte de la tecnociencia del siglo XX y XXI se oponen del
todo a la dilapidación solar. Aquella, aparece ahora como maldición, por eso
Bataille habla de una parte maldita. Pero surge la cuestión de cómo es
que tenemos que abordar esta noción de gasto, y sobre todo, cómo participar de
la dilapidación.
[3] La parte maldita, 70.
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