El pensamiento de Bataille nos enfrenta de cara a aquello que no aceptamos, que no queremos aceptar, aquello que nos incomoda, que nos aterra.
Recuerdo que en mis días de infancia, cuando sucedía una pelea entre compañeros, los adultos siempre recurrían a la misma pregunta retórica: "¡¿Acaso son animales?!" Y también los mismos argumentos para interpelar: "son gente racional, no deben pelarse a golpes". Hoy me parece obvio que debo afirmar ambas cosas: sí, sí somos animales; y sí, sí somos racionales...
Ser un animal racional no es un descubrimiento para nada nuevo, no obstante, Bataille me introduce a la sospecha ¿Y si nuestra racionalidad nunca será tal que pueda anular la violencia de manera definitiva? ¿Qué si por más que iluminemos nuestras conciencias nunca iluminaremos el fondo de nuestra conciencia? ¿Está acaso la sociedad condenada a la violencia y la crueldad?...
La sociedad en la que vivo le teme a la muerte y me ha enseñado a temerle; las personas que me criaron me enseñaron a no ser violento; las instituciones me convencieron de que he de combatir la violencia —y ciertamente les creo—. Estamos acostumbrados a qué lo humano es lo racional, bueno, y civilizado. Y décimos, por el contrario, que lo inhumano es lo pasional, malo y salvaje. Pero ¿Qué si la violencia y la crueldad es también una de las máximas expresiones de lo humano? Todos los crímenes inhumanos le pertenecen a la humanidad.
La gente puede consolar su conciencia moral y decidir que el criminal es un humano que se ha "desviado", que sus facultades no funcionan bien, que el criminal es radicalmente distinto de la gente no criminal.
Yo también me convenzo de que soy distinto del criminal. Pero al reflexionar con profundidad me doy cuenta de que, tan solo por el hecho de tener manos y pasiones, ya soy un criminal en potencia y creo que es cierta la frase "nada de lo humano me es ajeno", ni siquiera sus crímenes más atroces. Esa toma de conciencia es, a mí juicio, la que Bataille propone a todo aquel que lo lee.
A pesar de todo, la violencia no es unívoca, y el mismo Batalle lo reconoce, la violencia se expresa de distintas maneras y no todas ellas son brutales o crueles. Tal vez cabría pensar en sociedades donde la violencia es liberada de formas no crueles, no letales y de manera controlada. No obstante, esto supone la resolución de una contradicción que tal vez nunca podra llegar a suceder: La resolución final de nuestras pasiones y nuestra razón.
Si miro al televisor un día cualquiera y veo las noticias de violencia y crueldad, descubro el terror de lo que he negado.
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