domingo, 7 de junio de 2026
Logika: Mininovelas para botanear_Como Ser Humano
Lágrimas, sangre y semen.
¿Cómo se llega al mundo? Entre lágrimas, envuelto en sangre y llanto. Me parece irónico que exista este paralelismo con la muerte. Escribí este poema (o así lo veo yo) para quizá mostrar esta paradoja. Esta trinidad de fluidos nos incómoda pero a la vez son parte esencial de la vida, y eso tal vez incómoda más. Pensar en las lágrimas que cayeron el día que un familiar falleció me hace recordar las que cayeron el día que el cine me conmovió hasta el corazón. Ver la sangre que sale de mi cuerpo cuando me corto me hace pensar en la sangre de mis amigos y de mi familia, que así como yo es parte constitutiva de ellos. Finalmente, el semen que es necesario para la fecundación del óvulo así como el óvulo mismo me hacen recordar que la vida se expresa quizá no en las maneras en que queramos sino en las que necesita. Quizá nos hace falta ver más cosas de diferente modo o recordarlas más a menudo: el semen que fue necesario para que yo existiera, la sangre que habita en mí y las lágrimas que me hacen sentir vivo.
No, no fueron las grandes ideas,
ni los grandes inventos.
No, no fue la razón ni el intelecto
lo que salvó al hombre.
Fue el desbordante deseo,
deseo de vivir, deseo de volver
a ver el sol por la mañana,
deseo de generar un suspiro más.
Vida deseosa de sí misma
desbordante de lágrimas,
sangre y semen.
Si un día el hombre desaparece
y exhala su último suspiro.
Habrá sido porque las grandes
desilusiones de su existencia
lo hundieron en sí mismo.
Como el elefante que se asfixia
con su propia trompa;
la serpiente que se devora
a sí misma;
el pez que se lanza fuera del agua.
La humanidad se habrá
rendido frente al devenir y
se habrá hundido entre las
lágrimas, la sangre y el semen.
Vida deseosa de sí misma,
para que algo sea,
algo debe dejar de ser.
Para que las lágrimas caigan
la sangre debe correr y
para ello, el semen debe fluir.
El mal, el arte y la exuberancia de la vida.
El mal es esa cosa despreciada y desvalida por la sociedad, que no puede sino rechazar el mal para lograr su supervivencia y estabilidad. Así, el mal, como concepto o valoración, es aquello que la sociedad, la razón, o nuestra conciencia nos muestra como indeseable, displacentero, reprobable, o, incluso, maldito. Es cierto, hay que reconocerlo, que las cosas que son consideradas como malas varían de una época a otra, y de una cultura a otra. No obstante, cabría suponer que toda sociedad tiene nociones de lo bueno y lo malo, o nociones de virtud y de vicio. Esto podría sostenerse en la medida en que para existir, toda sociedad requiere de unas normas de comportamiento que permitan la coexistencia de sus integrantes. Esta podría ser la base de toda moral, pero no se reduce solo a ello en la medida en que cada sociedad establece normas dirigidas, no solo a la preservación de la sociedad, sino también conforme unos criterios contingentes.
Por su lado, lo bello y lo feo también parecen ser criterios que muchas sociedades comparten. Entonces, también la estética es una característica universal del ser humano. Y de la misma manera que con la moral, no significa que lo que se considera como bello o feo sea lo mismo en todas las sociedades, sino que se trata de notar la universalidad de ciertos criterios estéticos. Se puede entonces llegar a la afirmación de que el ser humano es un sujeto moral y un sujeto estético.
Es entonces que, en la medida en que el mal se aparece como displacentero y desagradable, se puede asociar, de manera natural, el mal a la fealdad, y decir en público sin que ello suene descabellado “el mal es feo”. Tampoco será, siguiendo esta lógica, extraño asumir que el bien y la belleza están emparentados ¿no acaso en las películas y cuentos infantiles, con mucha frecuencia, el villano cruel es el feo y la princesa de corazón puro es representada como bella y delicada?. Entonces, debido a estas asociaciones hechas, el mal, en tanto que asociado a lo feo y como contrario al bien, no puede ser bello. ¿Pero esto es así? ¿No podría pensarse acaso de otra manera?
Ya desde sus orígenes las sociedades reconocieron a la muerte y al asesinato como un mal ¿Por qué entonces algo como el sacrificio humano se pudo dar en cualquier sociedad que practico estos ritos? No se debe, de seguro, a que esas sociedades fueran menos prohibitivas con respecto al asesinato o que tuvieran menos respeto a la muerte. ¿Entonces qué?
Bataille, a lo largo de varias de sus obras, aborda los conceptos de interdicto (o prohibición) y transgresión, los cuales tiene una relación dialéctica, de tal manera que el interdicto no es posible entenderlo sin la transgresión ni viceversa. En su obra El erotismo, Bataille plantea que las sociedades arcaicas —y también las nuestras, aunque de distinta manera— no solo se incita a la transgresión de ciertas prohibiciones bajo ciertos contextos y momento. La sociedad entonces, argumenta Bataille, no solo consiste en las prohibiciones que ella establece, sino también en las transgresiones que ella regula. Sucede entonces que este mal que es prohibido, —me refiero a la muerte violenta— adquiere el sentido de lo sagrado cuando se realiza en un ritual solemne, y en él los participantes tienen una experiencia de éxtasis ante aquella escena de violencia. Aquello que se revela en el sacrificio es la continuidad de la vida y la muerte; la sobreabundancia que es la vida.
¿Qué relación tiene entonces el arte con lo sagrado y la religión? Cito directamente a Bataille:
"De hecho, la literatura se sitúa en la continuación de las religiones, de las cuales es heredera. El sacrificio es una novela, es un cuento ilustrado de manera sangrienta. O mejor, es, en estado rudimentario, una representación teatral, un drama reducido al episodio final en que la víctima, animal o humana, desempeña sola su papel, pero lo hace hasta la muerte. [...] Nada de esto debería sorprendernos. Es lo mismo que sucede cada día, bajo una forma simbólica, en el sacrificio de la misa."
Esto resulta revelador, ya que al contemplar la muerte —una forma del mal, es necesario insistir— en una obra de arte es análogo a la experiencia religiosa del sacrificio, pudiendo tener la misma potencia en la sensibilidad. Y aquella poderosa revelación no sucedería si el mal, en este caso la muerte, no estuviera de alguna manera presente, aunque sea simbólicamente, en el arte y en el sacrificio. Por lo que, ya no es solo que el mal pueda ser representado artísticamente como bello, sino es que el mal es lo que permite la experiencia de la continuidad de la vida y de su sublime belleza.
Podría, siguiendo esta provocación, decir que el mal es constitutivo de toda belleza. No obstante, defender mi provocación requeriría muchas más líneas y párrafos, Así que prefiero concluir este apartado con otra provocación que pretende sostener la anterior: ¿No podría decirse que la belleza es bella en la medida en que no es eterna, o en la medida en que no podemos retenerla para siempre? Así la belleza es constituida por el mal de su finitud.
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