¿Cómo se llega al mundo? Entre lágrimas, envuelto en sangre y llanto. Me parece irónico que exista este paralelismo con la muerte. Escribí este poema (o así lo veo yo) para quizá mostrar esta paradoja. Esta trinidad de fluidos nos incómoda pero a la vez son parte esencial de la vida, y eso tal vez incómoda más. Pensar en las lágrimas que cayeron el día que un familiar falleció me hace recordar las que cayeron el día que el cine me conmovió hasta el corazón. Ver la sangre que sale de mi cuerpo cuando me corto me hace pensar en la sangre de mis amigos y de mi familia, que así como yo es parte constitutiva de ellos. Finalmente, el semen que es necesario para la fecundación del óvulo así como el óvulo mismo me hacen recordar que la vida se expresa quizá no en las maneras en que queramos sino en las que necesita. Quizá nos hace falta ver más cosas de diferente modo o recordarlas más a menudo: el semen que fue necesario para que yo existiera, la sangre que habita en mí y las lágrimas que me hacen sentir vivo.
No, no fueron las grandes ideas,
ni los grandes inventos.
No, no fue la razón ni el intelecto
lo que salvó al hombre.
Fue el desbordante deseo,
deseo de vivir, deseo de volver
a ver el sol por la mañana,
deseo de generar un suspiro más.
Vida deseosa de sí misma
desbordante de lágrimas,
sangre y semen.
Si un día el hombre desaparece
y exhala su último suspiro.
Habrá sido porque las grandes
desilusiones de su existencia
lo hundieron en sí mismo.
Como el elefante que se asfixia
con su propia trompa;
la serpiente que se devora
a sí misma;
el pez que se lanza fuera del agua.
La humanidad se habrá
rendido frente al devenir y
se habrá hundido entre las
lágrimas, la sangre y el semen.
Vida deseosa de sí misma,
para que algo sea,
algo debe dejar de ser.
Para que las lágrimas caigan
la sangre debe correr y
para ello, el semen debe fluir.
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