En el ensayo titulado "El no-saber" de Bataille, se lee lo siguiente "[...] el pensamiento resuelto es el que revela el servilismo de todo pensamiento: operación por la cual el pensamiento, agotado, es a su vez la aniquilación de todo pensamiento". Eso me condujo a pensar ¿Qué confianza se puede tener en el pensamiento si el mismo se aniquila?. Así comencé a meditar y escribir recordando las meditaciones de Descartes:
He de reconocerlo, la filosofía no ha iluminado la habitación en la que estoy, no ha arreglado ninguna de las cosas rotas que afirmo poseer, no me ha dado la vista elevada y Absoluta de las aves sobre el bosque. Tengo la certeza de alguien que se despierta en medio de la oscuridad, que se ve forzada a avanzar a tientas para no caer. Tengo la impresión de que hay un suelo firme bajo mis pies, sólo en la medida en que siento que lo piso, pero la oscuridad me impide ver el suelo ¿Cómo puedo afirmar que lo que piso es un suelo inmóvil? ¿No podré estar flotando en la nada teniendo la ilusión de solidez bajo los pies? ¿Por qué no pensar que el vacío puede adquirir solidez?. Me parece que con mis manos descubro la forma de los objetos que tiento, me hago una imagen de ellos y creo describir su realidad, pero podría estar tocando el vacío... Avanzo lento por la habitación hasta que choco con los muros, siento su firmeza, aquellos están construidos con contradicciones, más allá de ellos está lo que no puedo afirmar. En lo alto, los muros se funden con la oscuridad y supongo que hay un techo donde también podría estar un infinito.
Cada vez más confiado, avanzo por la habitación, comienzo a distinguir cada cosa, les pongo nombre, las relaciono entre ellas, uso de herramientas inventadas para adquirir precisión en mis labores y asegurarme de no chocar con las paredes; esas herramientas se llaman "principios". Me acostumbro tanto a la oscuridad que me parece que ilumino allá donde miro con los ojos.
Avanzando aún más en la habitación, noto la existencia de una gran apertura que me conduce a lo Desconocido. Uso de todo lo aprendido y transformo lo desconocido en conocido. Sigo avanzando pero se vuelve cada vez más arduo, lo que me recuerda la oscuridad en la que estoy sumido, así como al estamparse contra el suelo se recuerda la caída.
Desde el comienzo encontré en la habitación otros seres igual de perdidos, a veces los confundo con espectros pero los tomo como iguales por costumbre. Los primeros seres que hallé me enseñaron a distinguir; los siguientes, las relaciones de los objetos; otros los principios que uso. Ahora me percato que todos estamos en idéntica oscuridad y no confío en aquellos que dicen poder iluminarlo todo.
Si logrará cruzar aquella apertura y ascendiera al exterior, lo que encontraría no es el sol que alguna vez me prometieron, en cambio solo encontraría una noche eterna; una oscuridad casi idéntica a la del interior. La luz del exterior no es la luz de un sol deslumbrante, es la luz de una luna que no quiere iluminar, es la luz en la oscuridad del olvido y la muerte, la luz de la totalidad en la oscuridad de la nada.
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He de ser sincero: no creo que el problema de Bataille sea el problema de un escéptico radical, y si Bataille es un escéptico, lo es tanto como cualquier otro pensador medianamente serio que es escéptico respecto a una postura cualquiera que no le parece adecuada. Lo que quiero destacar es que tanto el filósofo —entiendo filósofo como aquel que quiere conocer— y el escéptico —como aquel que niega la posibilidad de conocer— siguen en el plano de las distinciones. Incluso el escéptico radical debe afirmar su escepticismo, pues si lo niega deja de ser escéptico. Así pues, el filósofo y el escéptico se preguntan ¿Qué y como se puede conocer?, en cambio Bataille nos plantea la existencia de momentos de no-saber —que no son la ignorancia que queda por conocer— que siempre están en fuga. En esos momentos de no-saber, en ese instante de soberanía ya no se conoce, sucede un olvido de todo, cae la noche en dónde nada se discierne que se volatiliza tan pronto entramos en el curso del tiempo.
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