Como agua en el agua
¿Cómo será sentirse como agua en el agua? Mis palabras me
cansan. Vivo desgarrado y ese conflicto me cansa. El trabajo me separa de lo
que alguna vez pude ser y aún puedo transgredir, ¿esta vida será el infinito
retorno a la continuidad en la que alguna vez estuve y de la que partí desde
que nací?
A veces, en los bordes del día, cuando el cuerpo se rinde y
la voluntad afloja, creo entreverlo. No es una visión ni un pensamiento; es más
bien un calor distinto, una lasitud que no pesa. Dura apenas un instante y se
va en cuanto intento retenerlo. Pero en ese instante no hay trabajo, no hay yo,
no hay palabras. Algo respira por mí sin pedirme cuentas. Y luego vuelve el
desgarro, la luz blanca de la pantalla, la lista de cosas por hacer. Otra vez
el útil en la mano, otra vez la discontinuidad.
Entonces deslumbro goteras de esa agua donde sería castigo
mirar. El cuerpo que se tiende sin permiso sobre la tarde. Solo cuando
transgredo esa frontera mínima y cotidiana siento el agua recorrerme, como si
por un segundo dejara de ser yo y fuera solo eso que corre.
El enemigo es la chamba
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