"Y, como la virulencia de la enfermedad no se aliviaba ni con remedios humano ni con la ayuda divina, dominadas las mentes por la superstición, entre otros recursos para aplacar la cólera divina se organizaron también, dicen unas representaciones teatrales; era una novedad para un pueblo guerrero, pues su único espectáculo había sido el circo. " Tito Livio
¿Hay una imposibilidad para el teatro? ¿Para la literatura? Parece que se han convertido en preguntas sintomáticas de la perdida de significado antes inherente en las artes. Artaud en lo que a primera vista parece una simple crítica a la cultura europea da continuidad a las ideas que rodean al antiguo teatro, más allá de una crítica erudita que parte de la noción de que el teatro, la tragedia o la comedia nos deben poseer por medio de un encanto que les es propio.
En contra de lo que Aristóteles propuso, que la katarsis se da incluso con la lectura de la épica o la tragedia, Artaud propone que son las nuevas alusiones a los objetos, la magia y el encanto del movimiento lo que el teatro puede ofrecer a la vida, que por esta razón la cultura altamente alfabetizada atenta contra el mismo principio, contra la esencia misma del teatro.
En resumen, el teatro nos ofrece al mal, el mal en un sentido nietzscheano, en un sentido espiritual que no tiene en común con el mal moral más que ser pertenecientes a la transgresión ¿Entonces en dónde surgen las palabras? ¿De qué fuente brotan los significados que asociamos a estás? ¿Qué toma preeminencia para nosotros al hablar? Estas son las preguntas que hacemos desde la lectura de Artaud, por lo que nos preguntamos por la magia perdida, ya abismada por el uso, que tiene a la pérdida del significado como consecuencia.
El teatro como la literatura para Blanchot es un espacio autónomo cuyo gobierno soberano no se sustenta de la misma manera que la razón instrumental. La palabra desnuda, la palabra que es una violencia sobre la palabra misma en el teatro se convierte en violencia contra las categorías.
Está libertad concedida por el inacabamiento no mengua en el teatro, los objetos que por lo general están sujetados por funciones se resignifican, la neurosis, vista solo como negatividad se disuelve en el acto, en el drama o en la tragedia la nueva Katarsis no es una purga de emociones como la compasión o un aserto sobre el destino, nos purgamos de la aparente certeza del yo, del centro nervioso constreñido por las razones de otros.
Idealmente lo que decimos impacta en los nervios del otro, perfila al espacio y marca un horizonte en donde las relaciones palabra, saber y objeto se vuelven actuales, esto es, abandonan las meras relaciones formales y construyen una materialidad deslindada del solo pronunciamiento de los términos. La palabra nace como producto de nuevas relaciones, nace como mentira y él hablar como un deseo, en el teatro de Artaud hay una voluntad de mentira, de creación, de vida como tal como nos es posible expresarla.
Pero para llegar a este punto la mera dialéctica debe ser suspendida en aras del significado, la harmonía luego no es entre personas, palabras y objetos, se establece entre actos y disoluciones realizadas con plena conciencia. El sacrificio que ocurre por lo general es de los objetos por las palabras, nuestra cultura ha preferido la transmisión al significado, por lo que la propuesta de Artaud implica un fenómeno localizado en el que las configuraciones que en otros momentos dábamos por sentadas se desvanezcan entre los actos.
Ahí en la intensidad que Artaud nos propone realizamos una ruptura con lo que el teatro de occidental a logrado, la muerte de la tragedia que Sontag diagnostica parece disiparse, pero este efecto aparente en el teatro es desplazado, el efecto real es el de la magia y el sacrificio. Como dirá Foucault;
Todo lo que hoy experimentamos bajo el modo del límite, o de la extrañeza, o de lo insoportable, habrá alcanzado la serenidad de lo positivo. Y lo que para nosotros designa actualmente ese Exterior podría muy bien ser que un día nos designara a nosotros.
La neurosis y las exaltaciones anímicas que acompañan a nuestra psicología son transgredidas por las medidas de Artaud, ocurre una suerte de purificación cuyo quehacer es deslindarnos de los pliegues anteriores, se consagran el nuevo sacrificio. Nuestro deseo de ser purgado es un deseo de desvanecernos y desvanecer es ser desvanecido en la experiencia de los otros ese es el mal que muchos surrealistas nos piden, es el mal que preserva las funciones vitales, como en la historia de Livio, el mal del teatro era un mal votivo, llamando a lo sagrado en una época de peste y de virulencia se buscaba sobrevivir y aún más intervenir en el orden de las cosas mediante los actos y los cantos;
…Sin ningún texto en verso, sin acción escenificadora de textos en verso, unos ludiones, traídos de Etruria, danzando al son de la flauta ejecutaban unos movimientos no carentes de gracia al estilo etrusco. Comenzaron luego los jóvenes a imitarlos, a la vez que 5 se intercambiaban chanzas en versos toscos acompasando los gestos a las palabras. Recibió así aceptación el espectáculo y, al ser practicado con frecuencia, cobró impulso…
Previo a lo que Artaud llamó el teatro latino, las costumbres de la Etruria parecen acoplarse a lo que el narra como primer evento ligado a la peste y aún más se ligan a la intensidad taraumara a la intensidad balinesa en especie. La religiosidad se une al significado cuando este es sentido, cuando la palabra es una expresión desligada del poder, la experiencia se vuelve soberana.