Una de las primeras estrategias
argumentativas de Bataille en “El erotismo” es resituar su acontecer como
experiencia fenoménica, negando su habitual comprensión de individuos deseantes
de objetos exteriores. Esto para explicar el fenómeno erótico como experiencia
subjetiva y debilitar la comprensión objetiva.
La primera caracterización de la
experiencia erótica es la pérdida. Como en aquella ilustradora imagen presentada
en la introducción del texto; análogamente al organismo unicelular, abandonamos
nuestra discontinuidad y perdemos nuestro propio “yo”. Este movimiento es
naturalmente violento, en este contexto, la misión que se plantea Bataille es
la de comunicar su “experiencia interior” como elemento indispensable para
entender o vivir religiosamente el erotismo.
La consideración que haré sobre
las ideas de Bataille, tiene que ver con balancear y analizar las razones para
situar el erotismo más allá del objetivismo científico. Según la concepción
batailleana de erotismo, los elementos que están en juego en el acontecer de
este suceso tienen que ver con la conciencia de la muerte, la dinámica de
movimientos de prohibición y transgresión e incluso tensiones contradictorias
como la angustia y el placer del pecado, es en palabras de Bataille, “un
movimiento del ser en nosotros mismos”.
¿Por qué conceder a Bataille esta
estructura?
A pesar de que hay elementos de
la vida sexual humana que podemos esforzarnos por describir y entender como
haríamos tradicionalmente con cualquier fenómeno, Bataille introduce varias
consideraciones que hacen de su “erotismo” algo más abstracto y abarcante que
lo que inicial e ingenuamente quisiéramos etiquetar como “sexualidad”. Esta es
en realidad solo uno de los tres tipos de erotismo que Bataille describe, sin
embargo, aquí este concepto está emparentado con la religión. No ha de
sorprendernos la abundancia de verbos psicológicos con las que Bataille
introduce conclusiones, el erotismo sagrado es análogo al misterio, parece ser
incomunicable y solo admite experimentarse.
La transgresión aquí es
constitutiva del erotismo, en la medida en que el individuo reconoce la
prohibición y decide transgredir, hay efectivamente erotismo. La violencia no
puede manifestarse libremente en nosotros, somos frenados por la prohibición.
La prohibición también es descrita de forma poco habitual, es parte de la
subjetividad, es representada sensiblemente mediante la angustia y el goce, el
experimentar la transgresión es inicialmente un momento de angustia, de estar
suspendido al cruzar el límite, pero finalmente un goce y un placer. Es un desgarramiento,
un fragmentarse continuamente de la conciencia.
En esa medida, podemos reconciliar
la pretensión del autor con nuestras intuiciones e ideas, generalmente opuestas
y dirigidas a escenarios contrarios. La construcción de Bataille es más
ambiciosa y amplia que los conceptos con los que podemos comunicar.
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