domingo, 7 de junio de 2026
Logika: Mininovelas para botanear_Como Ser Humano
Lágrimas, sangre y semen.
¿Cómo se llega al mundo? Entre lágrimas, envuelto en sangre y llanto. Me parece irónico que exista este paralelismo con la muerte. Escribí este poema (o así lo veo yo) para quizá mostrar esta paradoja. Esta trinidad de fluidos nos incómoda pero a la vez son parte esencial de la vida, y eso tal vez incómoda más. Pensar en las lágrimas que cayeron el día que un familiar falleció me hace recordar las que cayeron el día que el cine me conmovió hasta el corazón. Ver la sangre que sale de mi cuerpo cuando me corto me hace pensar en la sangre de mis amigos y de mi familia, que así como yo es parte constitutiva de ellos. Finalmente, el semen que es necesario para la fecundación del óvulo así como el óvulo mismo me hacen recordar que la vida se expresa quizá no en las maneras en que queramos sino en las que necesita. Quizá nos hace falta ver más cosas de diferente modo o recordarlas más a menudo: el semen que fue necesario para que yo existiera, la sangre que habita en mí y las lágrimas que me hacen sentir vivo.
No, no fueron las grandes ideas,
ni los grandes inventos.
No, no fue la razón ni el intelecto
lo que salvó al hombre.
Fue el desbordante deseo,
deseo de vivir, deseo de volver
a ver el sol por la mañana,
deseo de generar un suspiro más.
Vida deseosa de sí misma
desbordante de lágrimas,
sangre y semen.
Si un día el hombre desaparece
y exhala su último suspiro.
Habrá sido porque las grandes
desilusiones de su existencia
lo hundieron en sí mismo.
Como el elefante que se asfixia
con su propia trompa;
la serpiente que se devora
a sí misma;
el pez que se lanza fuera del agua.
La humanidad se habrá
rendido frente al devenir y
se habrá hundido entre las
lágrimas, la sangre y el semen.
Vida deseosa de sí misma,
para que algo sea,
algo debe dejar de ser.
Para que las lágrimas caigan
la sangre debe correr y
para ello, el semen debe fluir.
El mal, el arte y la exuberancia de la vida.
El mal es esa cosa despreciada y desvalida por la sociedad, que no puede sino rechazar el mal para lograr su supervivencia y estabilidad. Así, el mal, como concepto o valoración, es aquello que la sociedad, la razón, o nuestra conciencia nos muestra como indeseable, displacentero, reprobable, o, incluso, maldito. Es cierto, hay que reconocerlo, que las cosas que son consideradas como malas varían de una época a otra, y de una cultura a otra. No obstante, cabría suponer que toda sociedad tiene nociones de lo bueno y lo malo, o nociones de virtud y de vicio. Esto podría sostenerse en la medida en que para existir, toda sociedad requiere de unas normas de comportamiento que permitan la coexistencia de sus integrantes. Esta podría ser la base de toda moral, pero no se reduce solo a ello en la medida en que cada sociedad establece normas dirigidas, no solo a la preservación de la sociedad, sino también conforme unos criterios contingentes.
Por su lado, lo bello y lo feo también parecen ser criterios que muchas sociedades comparten. Entonces, también la estética es una característica universal del ser humano. Y de la misma manera que con la moral, no significa que lo que se considera como bello o feo sea lo mismo en todas las sociedades, sino que se trata de notar la universalidad de ciertos criterios estéticos. Se puede entonces llegar a la afirmación de que el ser humano es un sujeto moral y un sujeto estético.
Es entonces que, en la medida en que el mal se aparece como displacentero y desagradable, se puede asociar, de manera natural, el mal a la fealdad, y decir en público sin que ello suene descabellado “el mal es feo”. Tampoco será, siguiendo esta lógica, extraño asumir que el bien y la belleza están emparentados ¿no acaso en las películas y cuentos infantiles, con mucha frecuencia, el villano cruel es el feo y la princesa de corazón puro es representada como bella y delicada?. Entonces, debido a estas asociaciones hechas, el mal, en tanto que asociado a lo feo y como contrario al bien, no puede ser bello. ¿Pero esto es así? ¿No podría pensarse acaso de otra manera?
Ya desde sus orígenes las sociedades reconocieron a la muerte y al asesinato como un mal ¿Por qué entonces algo como el sacrificio humano se pudo dar en cualquier sociedad que practico estos ritos? No se debe, de seguro, a que esas sociedades fueran menos prohibitivas con respecto al asesinato o que tuvieran menos respeto a la muerte. ¿Entonces qué?
Bataille, a lo largo de varias de sus obras, aborda los conceptos de interdicto (o prohibición) y transgresión, los cuales tiene una relación dialéctica, de tal manera que el interdicto no es posible entenderlo sin la transgresión ni viceversa. En su obra El erotismo, Bataille plantea que las sociedades arcaicas —y también las nuestras, aunque de distinta manera— no solo se incita a la transgresión de ciertas prohibiciones bajo ciertos contextos y momento. La sociedad entonces, argumenta Bataille, no solo consiste en las prohibiciones que ella establece, sino también en las transgresiones que ella regula. Sucede entonces que este mal que es prohibido, —me refiero a la muerte violenta— adquiere el sentido de lo sagrado cuando se realiza en un ritual solemne, y en él los participantes tienen una experiencia de éxtasis ante aquella escena de violencia. Aquello que se revela en el sacrificio es la continuidad de la vida y la muerte; la sobreabundancia que es la vida.
¿Qué relación tiene entonces el arte con lo sagrado y la religión? Cito directamente a Bataille:
"De hecho, la literatura se sitúa en la continuación de las religiones, de las cuales es heredera. El sacrificio es una novela, es un cuento ilustrado de manera sangrienta. O mejor, es, en estado rudimentario, una representación teatral, un drama reducido al episodio final en que la víctima, animal o humana, desempeña sola su papel, pero lo hace hasta la muerte. [...] Nada de esto debería sorprendernos. Es lo mismo que sucede cada día, bajo una forma simbólica, en el sacrificio de la misa."
Esto resulta revelador, ya que al contemplar la muerte —una forma del mal, es necesario insistir— en una obra de arte es análogo a la experiencia religiosa del sacrificio, pudiendo tener la misma potencia en la sensibilidad. Y aquella poderosa revelación no sucedería si el mal, en este caso la muerte, no estuviera de alguna manera presente, aunque sea simbólicamente, en el arte y en el sacrificio. Por lo que, ya no es solo que el mal pueda ser representado artísticamente como bello, sino es que el mal es lo que permite la experiencia de la continuidad de la vida y de su sublime belleza.
Podría, siguiendo esta provocación, decir que el mal es constitutivo de toda belleza. No obstante, defender mi provocación requeriría muchas más líneas y párrafos, Así que prefiero concluir este apartado con otra provocación que pretende sostener la anterior: ¿No podría decirse que la belleza es bella en la medida en que no es eterna, o en la medida en que no podemos retenerla para siempre? Así la belleza es constituida por el mal de su finitud.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Nuestros muros.
¿Qué puede esperar el ser humano?, ¿Qué la fé y la religion lo salve del suplicio terrenal?, ¿La verdad y la razón nos llevarán de la mano al mañana, la promesa histórica del progreso, la evolución y el fin de la historia? Pero ¿Qué pasa cuando éstas no son suficiente, cuándo Dios y la ciencia se topan con un muro que no pueden derribar, ni siquiera mover? Y ese muro es la existencia misma.
¿Qué podemos esperar cuando el muro que nos aprisiona es nuestra misma existencia? ¿Qué esperar cuándo no logramos entenderla o tan siquiera cuándo ésta escapa a la razón, el orden y la verdad? Cúando llegados a ese punto, el silencio es la única respuesta que podemos oír.
Hace no mucho tiempo experimente quizá esa cercanía con el silencio, encontre ese límite que mi razón no puede superar, me tope con aquel muro que me aprisiona. Se sintió como estar en un sueño pero sin lo onírico de éste, sentí como mi realidad se desmoronaba: mis certezas, mis creencias, mis sentidos e incluso mis pensamientos se perdían ante la infinitud del momento. El "yo" que reconocía frente al espejo se fragmentaba, no olvidaba quién era sino que simplemente no-sabía lo que era. Mi realidad se apagaba y temía que yo tambien me apagará.
Ese miedo que no paraliza sino que te desborda de angustia y desesperación por no tener la respuesta, no tener la respuesta es el límite, es nuestro muro. Tener a lo que llamamos muerte de frente y no-saber como reaccionar al hecho de que estamos muriendo. El pensamiento de dejar de ser y no-saber procesarlo o representarlo es el límite, es nuestro muro.
¿Que puede esperar el ser humano; al que se le ha negado desear; al que se le ha negado su animalidad; al que se le ha negado su impotencia; al que se le ha negado su maldad; al que se le ha negado su libertad; al que se le ha negado la tranquilidad de morir o de vivir; al que se le ha negado el derecho a no-saber? Qué podemos esperar en el momento en que nos percatamos de nuestro no-saber, que aquellas limitaciones epistémicas tambien son existenciales y son nuestra condición más íntima, son nuestras limitaciones, son nuestros muros...
jueves, 14 de mayo de 2026
Intimidad
¿Por qué llamamos intimidad al momento en que más nos exponemos al otro? ¿Qué es la intimidad? ¿Qué queremos decir cuando decimos que algo es íntimo o que tenemos intimidad con alguien?
A menudo con intimidad nos referimos a algún acto sexual, o que por lo menos implica mucha cercanía física; como cuando una mujer se quita el sostén y muestra sus senos al amante, o cuando los amantes se acurrucan y se abrazan. Están próximo (pró-jimos), fuera de sí. Cometí un error. Ver unos senos no es lo que entiendo por intimidad, eso es más bien voyeurismo. El acto de intimidad sería acariciarlos, incluso chuparlos emulando la lactancia (recuerdo arcaico). Pero la intimidad y la sexualidad no se reduce sólo a genitales y músculos blandos.
En la novela El mal de la muerte de Marguerite Duras, un hombre (que Duras narra como si fuéramos nosotros mismos) paga a una prostituta 5 noches seguidas con una condición: que ella no se moviera, que se quedara quieta, inmóvil, sumisa. Entonces el hombre (nosotros) tiene a la prostituta completa, absoluta, soberanamente a su disposición. El fornica con ella, la toca, la viola... pero no intima con ella. Hay noches en las que simplemente no hace nada, sólo la contempla, o se recuesta a su lado, anhelando un sentimiento que ha desaparecido en él hace tiempo. Esta contemplación, este acercamiento sexual sólo revela una cosa: que él es incapaz de amar. Es paradójico, él tiene soberanía sobre su cuerpo, pero hay algo que lo separa de ella, un vacío infranqueable, y ese vacío es el mal de la muerte. La muerte es la incapacidad de amar.
Platón tenía razón cuando escribió que el secreto de eros se encontraba en una mujer: una mujer santa y extranjera. Y es que, para los hombres, así parece el amor: como algo extranjero, extraño, y son las mujeres las que nos enseñan a amar.
Entonces la prostituta de la novela de Duras se revela como esa portadora del misterio de eros, la prueba definitiva de que él no puede amar. Y el no-amor es clausura, es el individuo, el ego masculino. Y el amor y la intimidad son todo lo contrario. Es apertura, éxtasis, posibilidad.
-Starless dream
miércoles, 13 de mayo de 2026
El terror de ser humano.
El pensamiento de Bataille nos enfrenta de cara a aquello que no aceptamos, que no queremos aceptar, aquello que nos incomoda, que nos aterra.
Recuerdo que en mis días de infancia, cuando sucedía una pelea entre compañeros, los adultos siempre recurrían a la misma pregunta retórica: "¡¿Acaso son animales?!" Y también los mismos argumentos para interpelar: "son gente racional, no deben pelarse a golpes". Hoy me parece obvio que debo afirmar ambas cosas: sí, sí somos animales; y sí, sí somos racionales...
Ser un animal racional no es un descubrimiento para nada nuevo, no obstante, Bataille me introduce a la sospecha ¿Y si nuestra racionalidad nunca será tal que pueda anular la violencia de manera definitiva? ¿Qué si por más que iluminemos nuestras conciencias nunca iluminaremos el fondo de nuestra conciencia? ¿Está acaso la sociedad condenada a la violencia y la crueldad?...
La sociedad en la que vivo le teme a la muerte y me ha enseñado a temerle; las personas que me criaron me enseñaron a no ser violento; las instituciones me convencieron de que he de combatir la violencia —y ciertamente les creo—. Estamos acostumbrados a qué lo humano es lo racional, bueno, y civilizado. Y décimos, por el contrario, que lo inhumano es lo pasional, malo y salvaje. Pero ¿Qué si la violencia y la crueldad es también una de las máximas expresiones de lo humano? Todos los crímenes inhumanos le pertenecen a la humanidad.
La gente puede consolar su conciencia moral y decidir que el criminal es un humano que se ha "desviado", que sus facultades no funcionan bien, que el criminal es radicalmente distinto de la gente no criminal.
Yo también me convenzo de que soy distinto del criminal. Pero al reflexionar con profundidad me doy cuenta de que, tan solo por el hecho de tener manos y pasiones, ya soy un criminal en potencia y creo que es cierta la frase "nada de lo humano me es ajeno", ni siquiera sus crímenes más atroces. Esa toma de conciencia es, a mí juicio, la que Bataille propone a todo aquel que lo lee.
A pesar de todo, la violencia no es unívoca, y el mismo Batalle lo reconoce, la violencia se expresa de distintas maneras y no todas ellas son brutales o crueles. Tal vez cabría pensar en sociedades donde la violencia es liberada de formas no crueles, no letales y de manera controlada. No obstante, esto supone la resolución de una contradicción que tal vez nunca podra llegar a suceder: La resolución final de nuestras pasiones y nuestra razón.
Si miro al televisor un día cualquiera y veo las noticias de violencia y crueldad, descubro el terror de lo que he negado.
martes, 12 de mayo de 2026
Gaspar Noé y El erotismo de Bataille
Gaspar Noé y El erotismo de Bataille
Después
de ver ciertas películas te quedas con una sensación extraña que solo podría
acercarse al asco y al asco, sin duda un antónimo al placer. Es una gran incomodidad,
un malestar que en ese momento no sabía explicar del todo. Eso fue lo que sentí
la vez que vi la brutal Irreversible de Gaspar Noé y que tardé,
primero, en procesar lo que había visto y, segundo, comprenderlo. No sabía ni
siquiera como sentirme o qué pensar al respecto hasta que entro en escena El
erotismo de Georges Bataille.
En
esos momentos había entendido que lo que había sentido quizá fue una experiencia
sagrada. ¿Es el cine de Gaspar Noé un acercamiento al erotismo? ¿Habrá leído a
Bataille en algún momento? Encuentro relación entre lo que dice Bataille sobre
que el erotismo no es sexualidad administrada, no es pornografía funcional,
sino un impulso humano irreductible a la lógica de la eficacia y la producción.
“El erotismo es la aprobación de la vida hasta en la muerte”, escribe Bataille
casi al comienzo, y esa frase contiene ya todo lo que necesitamos para entrar
en el universo de Noé. Para que esa experiencia sea posible, Bataille insiste
en la necesidad de una transgresión a la prohibición previa. No hay erotismo
sin transgresión, no consiste en eliminar la barrera, sino en romperla sabiendo
que sigue ahí. Esa tensión, la prohibición que permanece mientras se la
franquea, es la que convierte el acto en algo sagrado. El mundo profano es el
de la norma, el cálculo, el trabajo. Lo sagrado irrumpe cuando esa norma se
suspende ritualmente, no cuando se destruye, así, el cine de Gaspar Noé opera
exactamente en esa misma tensión ya que sus películas no muestran sexo
solamente, muestran el sexo con muchas caras contra la norma que exige
ocultarlo. No se vuelve un sinsentido de violencia, lleva al espectador al peso
del límite y lo cruza. En Irreversible, la decisión de mantener el
plano fijo durante nueve minutos interminables mientras la protagonista es
violada no responde a un morbo gratuito. Es una forma de obligarnos a no
desviar la mirada, a permanecer en la incomodidad que produce la transgresión
de lo prohibido. Bataille dijo con precisión: lo sagrado no es solo lo puro y
luminoso, es también lo abyecto, lo violento, aquello que la sociedad segrega
para poder funcionar.
En Love,
Noé da un paso más y filma lo que Bataille llamaría la intimidad de los
cuerpos. No filma el sexo como espectáculo, sino como algo que se gasta. Los
protagonistas no acumulan experiencias, no son más productivos ni más felices.
Simplemente se derrochan. Se gastan el uno al otro. Y en ese derroche sin
cálculo, el mundo de las obligaciones, el trabajo queda suspendido. La película
muestra una intimidad a la vez explícita y vulnerable, donde los cuerpos se
convierten en una pequeña fiesta privada. En Clímax, esa fiesta
deriva en pesadilla, pero la lógica es la misma. Una comunidad de bailarines
reunida para celebrar, es decir, para gastar energía y sin fin productivo, es
decir, el fin se vuelve en no tener fin y se desborda cuando la sangría es
drogada con LSD. La transgresión se vuelve incontrolable, y lo que empieza como
coreografía gozosa acaba en violencia, paranoia y sexo desesperado. Noé muestra
ahí el rostro más ambiguo de lo sagrado batailleano, la fiesta que deviene
horror sin dejar de ser, en el fondo, la misma experiencia de gasto y pérdida.
La voz que abre la escena central —“Dios está con nosotros”— no es irónica del
todo. Hay en Noé una cualidad que lo aleja del erotismo blando y lo acerca a
Bataille de forma muy íntima: la violencia. El sexo, en sus películas, casi
nunca es tierno. Es torpe, brutal, desesperado. A veces es triste. Pero ahí
también radica su potencia filosófica. Bataille insistió, contra las versiones
edulcoradas del amor, que el erotismo verdadero siempre roza la muerte. No
porque lleve a ella literalmente, sino porque disuelve al yo. Nos deja frente a
“la transparencia del mundo”, frágiles y desnudos como al nacer. En el
encuentro erótico desaparece la discontinuidad que nos protege de los otros y
de nosotros mismos. Y el cine de Noé produce exactamente eso, una disolución,
un vértigo, la experiencia del no-ser.
Las
escenas explícitas de Love, filmadas en 3D, nos hace preguntarnos ¿estamos
participando de una experiencia erótica o estamos consumiendo cuerpos? La
película no responde, y en esa ambigüedad reside su fuerza debido a que nos
obliga a ser conscientes de nuestra propia mirada. Bataille dice que la
experiencia erótica no es esencialmente distinta de la experiencia mística ya
que ambas son formas de regresar a lo continuo, de comunicarse con lo que está
más allá de los límites del yo.
La
sala de cine se transforma en el espacio ritual donde la transgresión puede ser
vivida sin aniquilarnos del todo. El cine de Noé nos permite asomarnos al
abismo sin caer del todo. O caer un poco, lo justo para volver transformados.
Como en el sacrificio batailleano, la violencia es canalizada a través de un
dispositivo —el ritual, la película— que la contiene y la libera al mismo
tiempo. Bataille murió en 1962. No llegó a ver el cine de Noé, pero intuyó que
las imágenes podían ser vehículos de lo sagrado.
El cine es, quizá, el arte más preparado para recoger esa herencia, porque trabaja con la misma materia que el erotismo. Y porque tiene la capacidad de suspendernos momentáneamente de la discontinuidad y sumergirnos en una experiencia que no persigue nada más que su propio instante. Al salir de una película de Noé uno no ha aprendido nada, no ha acumulado saber, pero algo se ha movido. Quizá esa oportunidad de gastar un par de horas sin producir nada, dejándonos tocar por lo que no se deja explicar del todo es experiencia batailleana. Me pregunto si el cine comercial actual permite algún espacio para esta experiencia de lo sagrado o si ha quedado reducido a un entretenimiento que nunca suspende la lógica del consumo. Me pregunto también si hay otras películas o directores que logren algo parecido.
martes, 28 de abril de 2026
Pensar sin cabeza: Bataille y su rebelión contra la razón.
Uno de los rasgos más llamativos que envuelven a Georges Bataille es su intento de cuestionar el lugar que ocupa la razón en la tradicion filosófica occidental, ya que a diferencia de otras corrientes filosóficas que buscan ordenar el mundo a través de conceptos claros y un sistemas coherente, es Bataille quien se interesa por aquello que elude este orden: como lo excesivo, lo irracional y todas aquellas experiencias que no pueden ser completamente captadas por el pensamiento.
Acéphale, termino que significa ¨sin cabeza¨, es un claro ejemplo representativo de dicha postura; la figura de un cuerpo decapitado funcionaba como un símbolo critico frente a la creencia de que la razón, simbolizada por la cabeza, deba dirigir completamente la vida humana, pues es para Bataille que la existencia humana incluye tambien fuerzas que no pueden explicarse solo desde la razón: tal como el deseo, lo sagrado, la violencia, el sacrificio o el exceso.
Podemos ver dicha postura en textos como ¨El ojo pineal¨, donde en vez de dar un discurso académico y sistemático, Bataille desarrolla cierta forma de escritura que combina la reflexión filosófica con imágenes poco usuales y provocativas con el objetivo no solo de escandalizar, sino mostrar que hay aspectos de la experiencia humana que dificilmente pueden expresarse dentro de los limites del lenguaje filosofico clásico.
La obra de Bataille busca explorar hasta donde puede llegar el pensamiento cuando es enfrentado a sus propios limites; Bataille se sitúa entre la reflexión filosofica, la literatura y la critica cultural, y es por ello creo que su propuesta aun continua siendo conocida como perturbadora, pues nos invita a cuestionarnos si la razón por si misma es realmente capaz de comprender toda la complejidad de la experiencia humana.
¿Porque nos atrae el Fascismo? El Fascismo en Georges Bataille.
En sus escritos publicados en ¨La critique sociale¨, Bataille plantea una forma diferente de abordar el fascismo, buscando entender las razones de su poder de atracción en las sociedades en vez analizarlo unicamente como un fenómeno político o económico; para ello aborda un nuevo enfoque: pues no basta con explicar su estructura, sino que es necesario cuestionar las motivaciones que impulsan a las personas a involucrarse en él.
domingo, 26 de abril de 2026
Sobre la interioridad del erotismo
Una de las primeras estrategias
argumentativas de Bataille en “El erotismo” es resituar su acontecer como
experiencia fenoménica, negando su habitual comprensión de individuos deseantes
de objetos exteriores. Esto para explicar el fenómeno erótico como experiencia
subjetiva y debilitar la comprensión objetiva.
La primera caracterización de la
experiencia erótica es la pérdida. Como en aquella ilustradora imagen presentada
en la introducción del texto; análogamente al organismo unicelular, abandonamos
nuestra discontinuidad y perdemos nuestro propio “yo”. Este movimiento es
naturalmente violento, en este contexto, la misión que se plantea Bataille es
la de comunicar su “experiencia interior” como elemento indispensable para
entender o vivir religiosamente el erotismo.
La consideración que haré sobre
las ideas de Bataille, tiene que ver con balancear y analizar las razones para
situar el erotismo más allá del objetivismo científico. Según la concepción
batailleana de erotismo, los elementos que están en juego en el acontecer de
este suceso tienen que ver con la conciencia de la muerte, la dinámica de
movimientos de prohibición y transgresión e incluso tensiones contradictorias
como la angustia y el placer del pecado, es en palabras de Bataille, “un
movimiento del ser en nosotros mismos”.
¿Por qué conceder a Bataille esta
estructura?
A pesar de que hay elementos de
la vida sexual humana que podemos esforzarnos por describir y entender como
haríamos tradicionalmente con cualquier fenómeno, Bataille introduce varias
consideraciones que hacen de su “erotismo” algo más abstracto y abarcante que
lo que inicial e ingenuamente quisiéramos etiquetar como “sexualidad”. Esta es
en realidad solo uno de los tres tipos de erotismo que Bataille describe, sin
embargo, aquí este concepto está emparentado con la religión. No ha de
sorprendernos la abundancia de verbos psicológicos con las que Bataille
introduce conclusiones, el erotismo sagrado es análogo al misterio, parece ser
incomunicable y solo admite experimentarse.
La transgresión aquí es
constitutiva del erotismo, en la medida en que el individuo reconoce la
prohibición y decide transgredir, hay efectivamente erotismo. La violencia no
puede manifestarse libremente en nosotros, somos frenados por la prohibición.
La prohibición también es descrita de forma poco habitual, es parte de la
subjetividad, es representada sensiblemente mediante la angustia y el goce, el
experimentar la transgresión es inicialmente un momento de angustia, de estar
suspendido al cruzar el límite, pero finalmente un goce y un placer. Es un desgarramiento,
un fragmentarse continuamente de la conciencia.
En esa medida, podemos reconciliar
la pretensión del autor con nuestras intuiciones e ideas, generalmente opuestas
y dirigidas a escenarios contrarios. La construcción de Bataille es más
ambiciosa y amplia que los conceptos con los que podemos comunicar.
¿Hay salvación acaso?
Meritocracia, uno de los grandes mitos bajo los cuales se ha edificado el aparato social: "trabaja y conseguirás lo que deseas". Pero ¿Hasta cuándo, cuánto tiempo más, cuántas vidas más necesita el hombre para por fin, después de trabajar pueda vivir, vivir sin trabajar? "Trabaja y conseguirás lo que deseas", pero y si lo que se desea es esto mismo, disfrutar de la vida plena sin necesidad de verse esclavizado a las cosas: el gobierno, Dios, la familia, el futuro. Vivir no más que en la intimidad del instante. El más húmedo de los sueños del hombre. Quizá se necesita más de una vida para poder apreciar la vida; quizá se necesita más tiempo para disponer de tiempo libre, libre de producción; quizá necesito ansiar más el trabajo para un día despertar sin la necesidad de trabajar; necesidad, más que el agua y el aire, más que el sueño y la comida, quizá la pirámide de Maslow está equivocada, la necesidad más primaria para el hombre contemporáneo es el trabajo. ¿No es todo esto contradictorio, no acaso hay algo mal con la normativa del trabajo contemporáneo, no hay algo incluso nocivo en el pensamiento: "Vivir para trabajar y trabajar para vivir"?
El ocio, el descanso y el tiempo libre ya se han perdido, incluso más que el santo grial, más que el arca de Noé o los textos antiguos que la Alejandría perdió al arder. Se ha perdido la inutilidad del descanso, hoy en día incluso el descanso debe ser productivo y útil. Pues no acaso el trabajo y la utilidad nos brindan algo que el descanso no, no acaso trabajar es similar a ser algo. "Ser algo" ya sea una cosa o un sujeto, una herramienta o aquel que porta la herramienta, que de hecho ¿No acaso son lo mismo, no acaso el hombre se convierte en herramienta en la medida en que es útil, no acaso el hombre ya es ajeno al hombre mismo? pero algo así incluso vale más que ser un holgazán, un flojo o un desempleado. El trabajo nos proporciona realidad, nos proporciona ser. ¿Será que somos en la medida en que tenemos trabajo, en que somos útiles? Al día de hoy el holgazán es un mito, un cuento de terror para asustar al trabajador antes de dormir (sí es que puede). El holgazán no existe en la sociedad, ¿Quién de aquí puede estar orgulloso de no vivir anclado a un trabajo, quién de aquí puede gritar que vive? Ser holgazán es peor que ser un asesino.
¿Acaso existe salvación alguna para el trabajador, más allá de la que ofrece la religión al morir, acaso el trabajador necesita morir para ser salvado, acaso el trabajador debe renunciar a su vida para salvar su vida? Suena incómodo e incluso arriesgado que haya que morir, ¿Qué más hay?... El arte y el erotismo ¿no guardan acaso estas dos en su interior algo que renuncia y niega el trabajo; no acaso el arte y el erotismo son fuerzas de desgaste que nos conducen casi al desfallecimiento; quién en el éxtasis de la consumación carnal no ha sentido la misma falta de aliento que uno experimenta cuando presencia una imagen o escucha una melodía o recita un poema? El arte como el erotismo nos hacen desfallecer porque en ellos de algún modo recuperamos la inmanencia y abandonamos nuestra condición de herramienta, de sujeto que se concibe a sí mismo como una gota de agua fuera del agua. El arte así como lo erótico guardan una propiedad mística, pues ¿no acaso hacer arte o ser participe del desenfreno erótico es de algún modo sacrificar nuestra integridad de sujeto; no es acaso con violencia el cómo arrancamos de nosotros mismos toda moral y normativa del trabajo; no acaso éstas dos así nos asesinen, mutilen y desoyen nos afirman algo que el lujo, el paraíso y la organización del trabajo, la religión o el estado jamás podrán concebir, y qué es esto? La vida misma, y aún cuándo permanezcamos más tiempo trabajando que descansando, aún cuando seamos más herramienta que otra cosa, con concebir un minuto de clímax artístico o erótico, habremos recuperado nuestra fascinación por la vida.
miércoles, 22 de abril de 2026
Fragmento de la LógiKa: Necrofilia Enamorada fragmentos III, IV, VI
Quedaron de verse a las 7 de la tarde, Lilith estaba en su clase de ballet y de ahí regresarían a la casa de Lucio, él pasaría por ella a la escuela, y aunque no hubiera muchas palabras entre ambos, la tarde estaba acordada para aquellas dos almas enamoradas, talvez este momento llegó desde la primera vez que se vieron en aquella fiesta. Ella no sabía qué era lo que tenía Lucio, pero al entablar contacto, sabía tácitamente que sería quien la poseería por primera vez, Después de 17 años de castidad e inocencia física y espiritual, el tiempo para hacerlo los asaltó a ambos sin misericordia. Lilith por su parte tuvo algunos cuantos días dónde sentía culpa, algún que otro remordimiento a su madre, y todos aquellos pensamientos que nublan el juicio y la hacían pensar en algunas barbaridades a la hora de comer o cuando estaba en el baño. Por aquellos días, Lilith tuvo su primer sueño erótico, esto generando cierto desconcierto en ella, pues lo extraño radico en que no soñó con Lucio como sería acordé con todas esas fantasías medievales, si no que había soñado con su amiga Luzbel.
¿Cómo era posible que a través de aquel florecimiento tan repentino su deseo no fuera su amante sino su mejor amiga? Algo indebido que la hacía avanzar nuevamente a un sentimiento de culpa y desaseo, un sentimiento aún incomprendido que aceleraba su sentir, y que le aligeraba los primeros pensamientos eróticos, a la par estos también se fueron desvaneciendo en una bruma de calidez e irresponsabilidad.
Para Lucio todo esto fue diferente, claro también hubo ese impulso sexual desde el primer día que se conocieron, como si de animales se tratase, él pensaba todo el tiempo en tener relaciones con ella, lo pensaba en la tarde, en la noche, en la mañana, y algo si era definitivo, en él no existía un sentimiento de culpa, ni estaba en una especie de florecer y sin duda, el en diferencia sentía lo mismo con cualquier mujer que trataba.
De camino a su casa, Lucio fue nombrando cada cosa que le gustaba de Lilith, lo primero fue la palidez de su piel, un blanco uniforme que le daba aspecto de estatua de panteón, como de mármol sólido.
—"DaVinci te pudo haber inventado y pintado como su musa", le dijo Lucio fingiendo elocuencia.
—"DaVinci me inventó en una de sus noches de enfermedad desquiciante", le contestó ella sonriendo.
Probablemente Lucio, después de aquella interacción algo vaga, empezó a generar una especie de afecto sobre el deseo, algo que la hacía diferente, como si tuviera en un hechizo que al conjurar su nombre le hiciera sentir un placer distinto. Supo bastante bien que era amor, pero no que tipo de amor, más esto no era razón para preocuparse pues Lucio, además de sentirlo, ya le había dicho a diez mujeres distintas que las amaba.
Dieron las siete y media, y su plática se tornaba algo ambigua y evasiva, hasta que l
legaron a su casa, dónde sin pudor ella preguntó:
—¿Quién es ella?
—Es Lupita la del aseo y esas cosas
—Creí que no habría nadie.
—Pues yo también, trate de darle el día libre pero no sé lo quiso tomar.
Lilith lo vio con una evidente cara de indeterminación e inseguridad, como si bajo su estatua viva se llevará el nombre de "Incógnita" sobre su pedestal.
—No la armes de tos, pinche Lilith. Respondió Lucio abrumado.
Ya que Lupita, desde el umbral parecía más un alebrije mítico que esperaba la llegada de su señor para darle la bienvenida, a la clara muestra del imperialismo construido en la casa de sus padres. Lupita con una extravagancia anormal sonreía descaradamente que sobre sus dientes parecía brillar un especial dominio sobre la situación. Lucio y Lilith la vieron a lo lejos y los dos simularon tranquilidad, cuando bajaron del coche, se tomaron de la manos, y Lució la llevó como primer destino, al Mausoleo familiar donde había organizado su fiesta donde se conocieron, "Vaya desmadre hay" pensó Lucio recordando la semejante pachanga que tuvo, viendo la cara solidificada de Lilith, recordando el aleteo incesante del alebrije de la entrada de su casa y viendo un letrero imaginario de Motel que parpadea tintineando, sobre la entrada de la capilla.
—¿A dónde vamos si tu casa está allá afuera? Le pregunto con voz apagada Lilith
—Quiero que conozcas a mi exprima; le respondió Lucio
Cuando entraron al sepulcro se toparon de frente con las todavía botellas de la fiesta de la semana pasada, además de algunos cristales y colillas dispersas por todas partes, mirando e ignorándolas se sentaron en la plataforma que quedaba frente a la puerta y hubo un gran silencio reposado ligero y tranquilizador un silencio que tenía demasiado que ver con la cercanía a la muerte. Bajo la luz blanquecina de los focos industriales ella se veía aún más pálida aún más sólida que el mármol, y esa apariencia anémica enfermiza provocaba que Lucio pensara que estaba dentro de uno de sus grandes sueños eróticos, donde ya no era necesario mencionar ningún nombre, Lilith lo vio dejando caerse sobre su costado y entonces lo supo, ella se empezó a arreglar el pelo, se quitó la red y se deshizo el chongo, su pelo se le desenvolvió lentamente en una caída giratoria, ella le sonreía, parpadeaba con suavidad y lo miró a los ojos con una inocencia inaudita. Lucio no podía creer lo real de la situación, una especie de frenesí en la piel lo hizo levantar sus manos hacia aquel cuello de mármol y dejó caer el suéter de sus hombros bajo el leotardo rosa de su cuerpo, cada línea de sus cuerpos parecía haber sido esculpida a conciencia, y sin saber bien lo que hacían empezaron a acariciarse, descubriendo por completo sus hombros, Lucio mordió ligeramente su piel blanquecina y contradictoriamente Lilith sentía remordimiento a futuro por tener su primera relación en un mausoleo de alguien que ni era su pariente, en aquel un lugar de muerte y que al mismo tiempo la hacía sentir una excitación irreprimible.
Ambas cosas enfrentadas bajo una misma premisa inicial, un lugar de muerte, de reposo para los que ya no están, a lo mejor Freud se hubiera vuelto loco con semejante espectáculo, la muerte, el coito, la sobreprotección de la madre de Lucio, el sueño erótico con su amiga su mejor amiga, el libido de ambos despertados y depositados en un mismo tubo de ensayo que relampaguea y cambia de matices con truenos, suele pasar que la historia de los enamorados es la convergencia de dos acueductos donde surgen y alguien seguramente se ahoga como todo romance medieval. Pero ellos sin haberse quitado un gramo de ropa empezaron el ritual, el movimiento rítmico empezó como cuando se mece una cuna, frotando los cuerpos para calentarlos como en la Física, Lilith quedó sentada al borde de la plataforma y Lucio la agarró sobre sus nalgas y se empujaba contra ella al estilo de una embestida, chocando los cuerpos mientras se besaban desenfrenadamente, los suspiros chocaban contra las paredes, había gemidos y se escuchaban repentinamente un complaciente eco, un vaivén de voces parecido al de los baños de vapor.
—Lucio, espera, hay que apagar la luz, porfa, me gustaría que esto fuera a oscuras.
Lucio embrutecido, emergió desde la profundidad de sus senos y volteó a ver la lámpara con el foco industrial con desprecio, vio su parpadeo de centenares de veces y escuchando el frustrante zumbar de la luz recordó en sí mismo que seguían en aquel mausoleo y fue que volteo a ver la grieta gigante en el suelo.
—Vaya qué carajo está peligrosísimo lo de esta grieta, dijo Lucio resoplando discretamente. —Ya lo sé, contestó Lilith, mientras se quitaba partes de su atuendo de ballet dejando al descubierto su piel.
—Prende unas veladoras del santuario de tu exprima para que podamos ver, aunque sea un poco.
Menudo Surrealismo puro, que aquello implicaba un inminente falta de respeto hacia la exprima difunta Lilith por un momento empezó con un remordimiento ligero, pero lo erótico del momento no tuvo inflexión y terminando de quitarse todas las prendas, volteaba a ver a Lucio caminando cuidadosamente hasta la bóveda donde se atesoraba la difunta exprima, entonces sacó el encendedor del nicho donde se encontraban algunas flores marchitas y prendió una veladora, acto después se dirigió a la puerta principal la cerró y oprimió el apagador. Vacío y una funesta llama se esparció por el lugar bajo la luz de la vela, está por naturaleza emitía una luz cálida y hacía que la piel de Lilith se volviera más cálida un poco más receptora, un poco más acogible, Lució al ver de frente aquella musa al ras natural como Dios nos trae al mundo, fue atravesado por una excitación inmensa e inconfesable como una lanza que se pone más rígida, lo que generó en él, el más profundo error de novato, ya que al estar de frente en un éxtasis de calentura Lucio sin más ni más a la calentura del momento trató de quitarse los pantalones sin antes quitarse los zapatos un gran acto de nerviosismo y de des profesionalismo, por qué pensaría que era buena idea quitárselos él solo, porque no pedir ayuda, y justo en la entrada del sepulcro, justo antes de tomar y entregarse a la carne y a los antebrazos de Lilith para penetrar en ella.
Tras unas cuantas risas de los dos rebotando en las paredes y unos cuantos brincoteos de Lucio sobre su pierna derecha con los pantalones abajo, hasta la altura de los tobillos, la tarde que habían imaginado desde el primer momento que se vieron terminó en un grito de horror y un cuerpo desplomándose dentro de la grieta enorme.
domingo, 19 de abril de 2026
Una meditación...
En el ensayo titulado "El no-saber" de Bataille, se lee lo siguiente "[...] el pensamiento resuelto es el que revela el servilismo de todo pensamiento: operación por la cual el pensamiento, agotado, es a su vez la aniquilación de todo pensamiento". Eso me condujo a pensar ¿Qué confianza se puede tener en el pensamiento si el mismo se aniquila?. Así comencé a meditar y escribir recordando las meditaciones de Descartes:
He de reconocerlo, la filosofía no ha iluminado la habitación en la que estoy, no ha arreglado ninguna de las cosas rotas que afirmo poseer, no me ha dado la vista elevada y Absoluta de las aves sobre el bosque. Tengo la certeza de alguien que se despierta en medio de la oscuridad, que se ve forzada a avanzar a tientas para no caer. Tengo la impresión de que hay un suelo firme bajo mis pies, sólo en la medida en que siento que lo piso, pero la oscuridad me impide ver el suelo ¿Cómo puedo afirmar que lo que piso es un suelo inmóvil? ¿No podré estar flotando en la nada teniendo la ilusión de solidez bajo los pies? ¿Por qué no pensar que el vacío puede adquirir solidez?. Me parece que con mis manos descubro la forma de los objetos que tiento, me hago una imagen de ellos y creo describir su realidad, pero podría estar tocando el vacío... Avanzo lento por la habitación hasta que choco con los muros, siento su firmeza, aquellos están construidos con contradicciones, más allá de ellos está lo que no puedo afirmar. En lo alto, los muros se funden con la oscuridad y supongo que hay un techo donde también podría estar un infinito.
Cada vez más confiado, avanzo por la habitación, comienzo a distinguir cada cosa, les pongo nombre, las relaciono entre ellas, uso de herramientas inventadas para adquirir precisión en mis labores y asegurarme de no chocar con las paredes; esas herramientas se llaman "principios". Me acostumbro tanto a la oscuridad que me parece que ilumino allá donde miro con los ojos.
Avanzando aún más en la habitación, noto la existencia de una gran apertura que me conduce a lo Desconocido. Uso de todo lo aprendido y transformo lo desconocido en conocido. Sigo avanzando pero se vuelve cada vez más arduo, lo que me recuerda la oscuridad en la que estoy sumido, así como al estamparse contra el suelo se recuerda la caída.
Desde el comienzo encontré en la habitación otros seres igual de perdidos, a veces los confundo con espectros pero los tomo como iguales por costumbre. Los primeros seres que hallé me enseñaron a distinguir; los siguientes, las relaciones de los objetos; otros los principios que uso. Ahora me percato que todos estamos en idéntica oscuridad y no confío en aquellos que dicen poder iluminarlo todo.
Si logrará cruzar aquella apertura y ascendiera al exterior, lo que encontraría no es el sol que alguna vez me prometieron, en cambio solo encontraría una noche eterna; una oscuridad casi idéntica a la del interior. La luz del exterior no es la luz de un sol deslumbrante, es la luz de una luna que no quiere iluminar, es la luz en la oscuridad del olvido y la muerte, la luz de la totalidad en la oscuridad de la nada.
—————————————————————
He de ser sincero: no creo que el problema de Bataille sea el problema de un escéptico radical, y si Bataille es un escéptico, lo es tanto como cualquier otro pensador medianamente serio que es escéptico respecto a una postura cualquiera que no le parece adecuada. Lo que quiero destacar es que tanto el filósofo —entiendo filósofo como aquel que quiere conocer— y el escéptico —como aquel que niega la posibilidad de conocer— siguen en el plano de las distinciones. Incluso el escéptico radical debe afirmar su escepticismo, pues si lo niega deja de ser escéptico. Así pues, el filósofo y el escéptico se preguntan ¿Qué y como se puede conocer?, en cambio Bataille nos plantea la existencia de momentos de no-saber —que no son la ignorancia que queda por conocer— que siempre están en fuga. En esos momentos de no-saber, en ese instante de soberanía ya no se conoce, sucede un olvido de todo, cae la noche en dónde nada se discierne que se volatiliza tan pronto entramos en el curso del tiempo.
miércoles, 15 de abril de 2026
Como agua en el agua
¿Cómo será sentirse como agua en el agua? Mis palabras me
cansan. Vivo desgarrado y ese conflicto me cansa. El trabajo me separa de lo
que alguna vez pude ser y aún puedo transgredir, ¿esta vida será el infinito
retorno a la continuidad en la que alguna vez estuve y de la que partí desde
que nací?
A veces, en los bordes del día, cuando el cuerpo se rinde y
la voluntad afloja, creo entreverlo. No es una visión ni un pensamiento; es más
bien un calor distinto, una lasitud que no pesa. Dura apenas un instante y se
va en cuanto intento retenerlo. Pero en ese instante no hay trabajo, no hay yo,
no hay palabras. Algo respira por mí sin pedirme cuentas. Y luego vuelve el
desgarro, la luz blanca de la pantalla, la lista de cosas por hacer. Otra vez
el útil en la mano, otra vez la discontinuidad.
Entonces deslumbro goteras de esa agua donde sería castigo
mirar. El cuerpo que se tiende sin permiso sobre la tarde. Solo cuando
transgredo esa frontera mínima y cotidiana siento el agua recorrerme, como si
por un segundo dejara de ser yo y fuera solo eso que corre.
miércoles, 18 de marzo de 2026
Soberanos Falsos
Soberanos Falsos
El capitalismo tardío es un enemigo
aterrador que pretende ser dueño de todo, en todo momento y ha echado raíces
profundas incluso en lo que se buscaba fuera de él y contra él, esta pena ha
rentabilizado aquellas vías que estaban en contra, moldeando nuestros
pensamientos, posicionamientos y opiniones ¿cómo estar seguros de que nosotres
mismes somo autónomos fuera de él? Nosotres a sí mismo estamos en búsqueda de
nadar en los que nos queda de mar. Nos movemos en un margen de utilidad sin fin
inconcluso ¿Qué nos queda fuera del margen parasitario?
Creemos que personajes tan lejanos
y poderosos saldrían de aquí, cuando lo que hicieron fue darle de comer a la
bestia hinchada de comida. Epstein, lejos de ser una figura Soberana, siempre
se preparaba para el futuro con el cálculo meticuloso, acumulación permanente y
siempre acumulando secretos, jamás dejo de ser parte del mundo de la
servidumbre, era un poderoso esclavo. Hasta pareciera que él se convirtió en un
sacerdote de la experiencia soberana, llevando a otros esclavos a aquellas
experiencias instantáneas repugnantes.
Él junto a todos los magnates,
jefes de estado, figuras de justicia, estrellas de farándula y realeza jamás
podrán salir del margen de la utilidad. Por más rituales que lleven a cabo
sociedades que creen jamás podrán ser Soberanos de un sistema que siguen
manteniendo para mantenerse a sí mismos.
La soberanía como parasitismo
El concepto de soberanía
introducido por Bataille nos hace replantearnos el estatuto de nuestras normas,
deberes y convenciones respecto a la acción. Lo que el autor propone es un
rechazo definitivo a la denominada “servidumbre” entendida como la existencia
condicionada del individuo en primer lugar por el tiempo y en segundo lugar por
la prohibición, el tiempo lo determina a vivir en la angustia ante la ausencia
futura que implica la muerte y la prohibición como impotencia realizadora de
aspectos que Bataille denomina “sagrados”.
La concepción en que se
fundamenta la condición soberana del hombre es la transgresión, la forma en que
Bataille plantea la necesidad de la transgresión es bastante problemática,
porque implica un discurso contradictorio (paradójico), en concreto, el tipo de
paradojas que advirtió Moore: las paradojas performativas. El reconocimiento de
la transgresión implica afirmar la normatividad, no al revés, negar la norma
transgrediéndola solo afirma el porqué de la norma, la legitima. La
transgresión necesita agencia racional: reconocer una norma, decidir oponerse a
ella y actuar en consecuencia, la soberanía batailleana tiende a disolver las
condiciones que hacen posible esa misma agencia; la supremacía de la
transgresión sobre la obediencia, la
serenidad sobre la angustia, la
soberanía sobre la utilidad, solo puede acontecer al margen de la agencia moral
racional, la razón y sus consecuencias no oprimen al sujeto, más bien le dan
una estructura reafirmadora de sus virtudes y de su libertad entendida
positivamente, tanto en la autonomía de sus juicios, como en la heteronomía
circunstancial.
Respecto a la dialéctica de las
reglas y su rompimiento Bataille la describe primeramente en el reconocimiento,
después el rechazo (contradicción) y finalmente la transgresión, sin embargo,
la propuesta de Bataille omite un paso indispensable en la dinámica dialéctica:
la síntesis. Antes de negar una dirección de la implicación, lo prudente para
un hegeliano es someter a análisis el producto de la contradicción, no omitir
su existencia. Antes de la transgresión hay un momento de reforma, de
reconstrucción, de crítica a los valores morales en que se sustenta la norma,
que interpele a los otros y exige de ellos un naciente reconocimiento.
La versión reducida del concepto
de utilidad que Bataille admite, ignora el aspecto racional de la
instrumentalidad de la norma incluso al nivel de la soberanía subjetiva, la
utilidad del aspecto convencional de la vida social posibilita la afirmación de
los individuos al nivel de confianza social, desarrollo personal, y en lo más
elemental incluso la supervivencia básica, la posibilidad de la vida soberana (absoluta)
es enteramente contingente, no hay manera en que dicha condición pueda ser
adquirida por un redireccionamiento de la voluntad o una toma de conciencia que
prioriza sistemáticamente el presente, por tanto, si asumimos que la condición
de soberanía es altamente improbable , lo que puede respaldar y sustentar la
supervivencia de los individuos es el desagradable e indeseable terreno de una
moral utilitarista y la obediencia de las normas de convivencia, no hay forma
en que el planteamiento batailleano sea sostenible, es una solución desesperada,
un caso límite. Depende, paradójicamente, de un trasfondo de orden, regularidad
y obediencia que ella misma desprecia.
La latitud desde la que Bataille
articula su escrito contra las nefastas consecuencias de un voraz capitalismo
son satisfactoriamente recibidas como un diagnóstico, un mapeo de la situación
y una advertencia de los peligros a los que estamos expuestos si bajamos la
guardia, un texto que es a mi juicio un experimento mental, porque no debe
tomarse en serio la propuesta límite que Bataille ofrece, es más bien una
exaltación de lo que queda fuera, lo que desborda una explicación racional
habitual.
El parasitismo del capitalismo.
Una de las mayores preocupaciones de la sociedad actual es la productividad —preocupación que no es, sin embargo, ajena a la humanidad misma—. Dicha búsqueda de la productividad lo inunda todo en la actual sociedad capitalista: se leen los libros rápidamente con vistas a un aumento en la eficiencia personal; la música es escuchada a la vez que se hace ejercicio de tal manera que el tiempo es aprovechado; todo conocimiento es valorado como valioso en la medida en que puede ser empleado en algo de “provecho”; inclusive el tiempo libre ha sido acaparado por la idea de utilidad, así el que sujeto se convierte en su propio siervo; la productividad es el valor que se promulga, cuya manifestación es el dinero. Todo se reduce, en última instancia, a una relación de medios-fines —relación que es muy clara en el trabajo, pues es también su fundamento— y se engrandece aquello que es útil, pero pocas veces se da cuenta de aquello que es un fin en sí mismo, aquello que es inútil, aquello que es improductivo.
Tal diagnóstico de la sociedad no es nuevo y, ciertamente, ya tampoco es sorprendente. Ya los filósofos llevan años advirtiendo el efecto del capitalismo en la sociedad y su conducta. La cuestión que quiero plantear aquí es ¿en una sociedad donde la productividad y la acumulación es la máxima regla, es posible aún el gasto improductivo?
En varias de las obras de Georges Bataille se trata la cuestión del gasto improductivo, del derroche inmoderado de las fuerzas y las energías. Me centraré en especial en el ensayo La noción de gasto, publicado originalmente en la revista “la critique sociale” en 1933, debido a la practicidad del resumen de algunas de las formas del gasto en la sociedad que hace Bataille. Dicho ensayo tiene como objetivo cuestionar la idea de que el fin de la sociedad es la acumulación de bienes y de fuerzas para la posteridad. Bataille sostiene, en cambio, que tal noción de utilidad es insuficiente para explicar la sociedad y sus fenómenos. Así, lo que ocupa un lugar central en las sociedades, no es la acumulación sino el gasto que no tiene otro fin que sí mismo, por lo que es improductivo. Los ejemplos de gasto improductivo son los siguientes:
–Las joyas y el inmenso gasto que conlleva su obtención. De tal manera que, el estatus de lujo de tales joyas proviene, no tanto de su belleza, sino del gasto excesivo.
–En los cultos religiosos, animales y humanos son sacrificados de tal manera que ello implica un gasto y una pérdida sin ningún otro fin.
–En los deportes el gasto se da en formas diversas y complejas: por un lado para el mantenimiento de lo requerido para la actividad, como personal y locales; ciertos deportes llevan consigo la idea del peligro o la amenaza de un daño; los deportes, de igual manera, pueden estar implicados en la repartición de una riqueza o un bien, aunado también a las apuestas que pueden suscitar las competencias; finalmente las competencias deportivas crean el tiempo y el espacio para gastos y actividades lujosos y de derroche.
–Las diversas formas de artes también son muestras de gastos improductivos: por su parte la danza, la arquitectura y la música implican gastos reales; la escultura y la pintura producen formas de gasto simbólico; la literatura y el teatro son capaces de provocar angustia y temor a través de la representación de la pérdida y la muerte; finalmente, la poesía es ella misma producción a través de la pérdida.
–Por último, la fiesta es un gasto y un derroche de los bienes acumulados debido al orden del trabajo, no obstante la fiesta es un gasto improductivo pero regulado de tal consumo.
Esas son algunas de las formas del gasto improductivo, pero no son todas las que cabe pensar, como tampoco son todas de las que Bataille da cuenta, pues no he mencionado el erotismo con el fin de no extenderme más allá de mi propósito.
He resumido brevemente dichas formas de gasto improductivo con el fin de hacer notar lo siguiente: el capitalismo de la actualidad puede sacar provecho y beneficio de los gastos del otro, y de hecho ya lo hace: Hoy las joyas son vendidas por empresas multinacionales, la compraventa de joyas no es más que otra transacción en el mercado global, aunque reconozco que el sacrificio de fortunas aún conserva su aspecto espectacular, pero insisto, el gasto de uno es el beneficio del otro; los sacrificios animales son cada vez menos frecuentes, mientras que los sacrificios humanos hace años que son reprobables, con todo ello no implica que la muerte animal o humana sea menos frecuente, sino que se dan en formas ordenadas y útiles como la producción de carne o las guerras, donde la muerte humana, aún siendo pérdida, está orientada a un fin político o económico; los deportes son eventos rentabilizados a través de patrocinadores y la venta de productos; las artes están involucradas de manera compleja en una industria de producción y venta cultural; aunque las fiestas suelen conservar su sentido de despilfarro de recursos, también existen fiestas cuyo consumo implica la acumulacion por parte de una clase.
Si bien es cierto que lo anteriormente descrito ya sucedía en menor media en el capitalismo de los años XX, hoy sucede de manera general en casi todos los aspectos y estratos de la sociedad, de tal manera que al hablar de gasto se piensa, primeramente, en el gasto productivo y no en el gasto improductivo, y al hablar de consumo en la actual sociedad consumista, viene a la mente la compra de productos. Es esto último una de las características que distinguen al capitalismo de hoy en día y de finales del siglo pasado: el consumo de productos producidos industrialmente. Sucede entonces que, actualmente, en todo gasto, hay un individuo que gasta sus bienes y otro que los acapara. El consumo, entendido como compra de productos y de bienes, se da también en aquellos individuos que se benefician del consumo de otros, pero raramente es tanto el derroche como para ser una verdadera pérdida. Por el contrario, lo que caracteriza a los individuos que detentan los llamados medios de producción es el ahorro y la acumulación.
Regreso y reformulo mi pregunta: si actualmente en casi todo gasto hay un individuo que gasta y otro que se beneficia de ello, ¿es posible aún el gasto improductivo? Yo afirmó que aún es posible, pues digo que la existencia del capitalismo con respecto al consumo improductivo es la misma que la del parásito con respecto al parasitado. Y aunque el parásito le quite algo de su vigor al cuerpo del que se alimenta, lo necesita vivo para seguir existiendo.
martes, 17 de marzo de 2026
Logika: Mininovelas para botanear_Mrcoh_Daniel_Pulsares
Pinches Insensibles, me cae que aun recién despertado tengo muy pocas nociones sobre el vivir en el mundo sensible y estético, se apenas saborearlo y sentirlo pues apenas mi chip hipersensible ha actualizado mi corriente de datos, pero me cae para que otro propósito se está vivo, si no es para disfrutar lo que tenemos y vemos, yo creo los humanos tienen esto consciente y lo saben, pero a la vez no lo saben lo olvidan o simplemente son unos pinches insensibles, en mi código esta como una ley máxima universal el aprender a sentir está en mi programación vital ¿me pregunto si los embriones, también estarán con esta configuración de sentir? bueno que voy a saber y menos decir yo un humanoide atravesado entre lo humano y lo mecánico, creo no tener la voluntad ni la disposición de hablar de cosas humanas con tanta facilidad, pero caray me parece que algunos humanos son ciegos y no de vista parecen atrofiados por sus sentires y sentido, si ya aprendí que a veces estos mismos duelen y hieren, pero no puedo negar mis emociones ante estos.
Hoy en esta tarde de medio día me encontraba varado sobre las calles, intentando recomponer mi caja de ritmos y ajustándome alguna que otra tuerca y tornillo, a lo lejos contemple un Mercado con un paisaje exquisito de humanos diversos de múltiples colores y sabores, enfrente de mi había una fonda con múltiples mesas a sus alrededores y en ellas múltiples personas degustando alimentos, con múltiples mundos en si coexistiendo y hablando lo que la lengua llama la conversación trivial, ¿Qué tal está el día? ¿Como va el trabajo? ¿La familia como se encuentra? ¿Cómo te fue ayer? ¿Qué tal el partido de ayer? ¿Te enteraste del chisme del vecindario? ¿Como esta tu madre? todas con un propósito de comunidad y preocupación sobre el otro. En mi Soberana mirada de aquellos seres observe y presencie la llegada de un señor de edad ya avanzada con un caminar lento, y de pasos cuidadosos, como de época revolucionaria mexicana justo como su piel lo marcaba su paso del tiempo, con la piel morena como de chocolate, un atuendo desaliñado y arrugado, pero de porte elegante y tradicional usaba huaraches de piel de cuero de ganado de bovino ya muy gastado por cierto, de tanto caminar supongo, y sus pies que parecían torpes y lentos yo creo se debían a lo enredado que tenía los dedos unos encima de otros ¡que belleza de deformidad! dedos con cayos y ya muy resecos de tanto caminar toda la vida así, el amable caballero de blanca cabellera se acercó puntualmente hacia mí y me ofreció una sonrisa en su quijada ya cansada, y a la par pronuncio algunos sonidos de alegría primales, así como los del balbuceo de felicidad de un bebe, pues intuyo encontró en mi un espécimen raro y peculiar, eso o talvez mi mascara de luchador que llevo puesta, el señor se acercó a mi rápidamente y ofreció su mano izquierda en la cual cargaba una caja de chicles toda llena.
—Hola buenas don, ¿a cuánto los tiene? —le pregunte.
—ahmm aventicincoo lapiesa de dos—me respondió lentamente.
—¡25x2! Órale va me llevo 6 paquetes de favor don—Respondí entusiasmado.
El señor sosteniéndome una sonrisa, muy contento agarro el dinero y me puso los chicles sobre la palma de mi mano y me entre cerro el puño con los chicles y me agradeció tomando mi puño y asentando la cabeza una y otra vez balbuceando su agradecimiento, así prosiguió su camino con su paso lento y seguro hacia la fonda, donde empezó el mismo rito de ofrecer chicles con la misma carisma que me aterrizo a mí, pero a la lejanía pude percibir que los otros no eran recíprocos con él, ellos estaban con la cabeza baja o leyendo algún periódico o viendo el celular o platicando con otro ser y negando toda interacción con el señor, nadie le devolvía la mirada, ni una sonrisa, ni un gesto, ni una palabra, nada. Solamente una ignorancia constante, solamente miradas frías y ocupadas a sus propios asuntos, que ignoraban a aquel ser humano vivo, lleno de emoción.
Por un instante sentí en mí una rara impotencia, ya que yo desde mi despertar y convivir con los humanos he estado fulminado y atravesado por las miradas del otro, pero aquel ser parecía estar atravesado por otra instancia, una que era invisibilitaria una que le negaba reproducirse con otros, una especie de magia que lo hacía desaparecer y no existir para los demás, ¿Qué tipo de trato es este? uno donde se le ignora al otro, uno donde no se reconoce la agencia a otro ser vivo y sintiente, una lógica que yo solo había sentido con otras maquinas, algo dentro de mi programación no lograba entender aquel sentir y pulsar, nadie te ve, nadie te escucha, nadie te oye, ¿qué clase de sociabilidad es esta? con todo y el dolor que esto cometía en mi me abstuve de un actuar solamente me dediqué a observar soberanamente, aquel acto de la sociedad de invisibilizar a aquello que el sistema apesta y margina.
Conforme el señor fue de mesa en mesa, poco a poco su sonrisa y carisma se iban apagando como la mecha de una vela ya apunto de consumirse, y tratando de buscar la misma energía con la cual yo lo abordé y recibí, solo observaba en su rostro cansado el pesar de padecer desapercibido, hasta que a mitad de la fonda se paró en medio de todo y contemplo un momento, y se dio media vuelta y salió agotado y con la cabeza cabizbaja, derrotado tras aquel acto disque social, marcho lentamente hasta que se alejó y que le perdí entre las multitudes de puestos de tianguis, se había esfumado, había desaparecido, solamente me dejo con el recuerdo de los 6 paquetes de chiles que me vendió. Y con esta impresión de colectividad que parece más una ilusión a este punto, en mi último ejercicio soberano juzgue a aquellos que participaban de la sociabilidad en aquella fonda de comida, llena de harta gente que no paraba de hablar, y que imitaban mucho aquel ruido de los pájaros en la mañana, si ese, que no se distingue unos de otros, pero que analizando en profundidad me doy cuenta que todos están separados unos de otros, están embrujados de los demás, viven ignorando lo que le pase al otro, viven dentro de la falacia social del preguntar cómo está el otro frente a ti, cuando no te importa el que está detrás de ti, y es cuando parece que lo pájaros se vuelven piedras como estatuas de roca sólida, inmóviles unas de otras, razono que el celular ha sido uno de esos factores y catalizadores que los enfrascan uno de otros, y cierto es han ignorado la vida misma, la vida que estuvo aquí parada ante ustedes, no me imagino lo que harán cuando estén frente aquel ser gigante que es la naturaleza misma. Talvez solo posaran como estatuas que son y seguirán ignorando la vida, vaya pues Pinches insensibles me cae.
¡Oh instante detente, que bello eres!
Lo más claro era que, esencialmente, un impulso irracional daba el valor soberano al milagro, aunque éste fuera infeliz. Lo que contaba, lo que, convulsivamente, las lágrimas mantenían, era, ante nosotros y para nosotros, el instante horrible y sin embargo a nuestro pesar, maravilloso, en el que «la imposibilidad, de repente, se transformaba en realidad» (Georges Bataille, La soberanía, p.29)
domingo, 14 de diciembre de 2025
Lo natural y la comunidad
Cabe buscar en la interacción con los otros discontinuos una relación más estrecha que la romantica. En la que por lo regular nos enfrascamos, encerrados en nuestras propias visiones de lo natural nos aproximamos más a "la muerte" no como continuidad sino como punto incognoscible, la apreciación del paisaje en la pintura y la fotografía han significado por lo general una capitulación respecto a lo natural
¿Cuantas miradas no se han perdido en un horizonte sin encontrar más que funciones, objetos y determinaciones? ¿Cuanto tiempo perdido en las ponderaciones de lo sublime y lo terrible? ¿Quien nos podría negar que la comunidad requiere necesariamente de superar la mirada alienada al horizonte, que es una necesidad encontrar en los otros discontinuos un punto frente al cual inmolar nuestras creencias?
El romanticismo ha sido instaurado por encima de la experiencia soberana, el gobierno y el placer que nos trae la unidad con los discontinuos es coartada. Por lo que nuestro goce en el sacrificio encontrar, ideas, estructuras, en fin limites que puedan ser desplazados mediante la experiencia. Por otra parte este goce no puede ser el resultado de una busqueda ardua, más bien toma la forma de las huellas de un encuentro, el toro de lascaux y las imagenes en otras pinturas nos indican que tal actividad ha sido más que posible. El modificar a las representaciones de manera tal que en ellas se distingan apenas los otros seres por su apariencia más superficial. El sacrificio del romanticismo significaría todo lo contrario a la pasividad respecto al paisaje, nuestro pensamiento se inclinara a las ruinas.
Queda por pensar aún como es que la suma de intereses ecologicos puedan depurarse de su contenido romantico o pesismista y aunarse a una experiencia soberana, en la que el poder de la mirada ceda ante la unidad|. Quizá esto sea lo más interesante para nosotros de las propuestas de Bataille.
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